Un gobierno tomaba una decisión sobre cualquier institución cultural importante. Los partidos de oposición asumían esa iniciativa y en el proceso legislativo trataban de mejorar el proyecto. Así funcionaba, así se amplió el Museo del Prado, se dotó de leyes al Reina Sofía y la Biblioteca Nacional y se reformó el Museo Arqueológico Nacional en medio de una crisis, etc. Pero esa continuidad institucional es ya de otra época, porque la política cultural como asunto de Estado ha sido la primera víctima del populismo gramsciano de derechas y de izquierdas. Conciben hoy la cultura como combate (Urtasun dixit), altavoz del credo y humillación al adversario, como amplificador de lo que ya no se impone con persuasión y argumentos. La política... Ver Más