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El erial completo de Sánchez

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E l día 2 de mayo se cumplieron 147 años desde que Pablo Iglesias Posse y un pequeño grupo de obreros e intelectuales fundaron el PSOE. Cientos de Casas del Pueblo, sedes de las agrupaciones locales, en donde se reúnen los militantes y se organizan actividades, siembran la geografía española de norte a sur y de este a oeste y demuestran su implantación nacional.

Es recurrente el argumento de que un partido político tan arraigado al país y con tanta tradición, tiene un suelo electoral inamovible y es imposible que desaparezca. Sin embargo, nada está escrito y la deriva de los últimos años conduce a un futuro en el que todo es posible.

Después de un largo camino, el Partido Socialista, con Felipe González y Alfonso Guerra, se consolidó como un partido socialdemócrata, reformista y se alineó con los modelos de Olof Palme o Willy Brandt, ocupando un espacio de centralidad con visión de Estado y un proyecto que representaba a la mayoría de los españoles.

Pero las cosas cambiaron bajo la batuta de José Luis Rodríguez Zapatero. Abrazó el ideario propio de un partido radical y el proyecto político socialista se desnaturalizó convirtiéndose en una amalgama de postulados ecologistas, feministas radicales, animalistas y nacionalismos periféricos. El equipo de Zapatero lo denominó republicanismo cívico, el nuevo socialismo frente al viejo.

Fue el zaguán de entrada a la polarización que Pedro Sánchez ha protagonizado, de ahí que Zapatero sea considerado por la dirección actual un referente de la izquierda y por los socialdemócratas de siempre un error político.

Ha protagonizado en los últimos días la actualidad política, noqueando a quienes le han utilizado como símbolo de la legitimidad moral de la izquierda y han apartado y expulsado a quienes han discrepado de ese modelo del PSOE.

El auto que le señala como investigado es exhaustivo en datos e información y en la Moncloa esperan con inquietud el contenido del sumario que se conocerá en los próximos días para defender su inocencia o para declararlo culpable y alejarse lo máximo que puedan, como han hecho con los secretarios de Organización de Sánchez.

La presunción de inocencia es exigible en un Estado de Derecho, pero esa cuestión pertenece al ámbito judicial y no puede servir para ocultar otras responsabilidades, como las políticas.

En este sentido, el alcance de la crisis es enorme, porque Zapatero, lejos de retirarse de la primera línea, ha sido quien ha mediado con los independentistas catalanes, ha allanado el camino con Bildu y ha mantenido un extraño estatus con el régimen venezolano, llegando a defender la legitimidad de un sistema que encarcela a quienes se oponen al gobierno.

A Sánchez le iba bien porque necesitaba a Puigdemont, a Otegi y a Podemos para ocupar el poder. Entonces, Felipe González era de derechas y Zapatero el único presidente de izquierdas.

Que el Partido Socialista se hunda no es por culpa de Ábalos, de Koldo o de Cerdán, no es por su hermano o por las pesquisas sobre su esposa, ni por la condena del exfiscal general del Estado, ni tampoco por el proceso que se cierne sobre Zapatero.

Solo hay un responsable, Pedro Sánchez, que ha usado a su antojo al partido. Le ha hecho perder en cientos de municipios, en casi todas las provincias y comunidades autónomas, ha expulsado a dirigentes como Nicolás Redondo y lo ha intentado con González cuando denunció sus acuerdos para ocupar el poder.

Se subió encima de Rodríguez Zapatero para romper con el PSOE de siempre, el que no dividía a los españoles en dos bloques, el que defendía el principio de igualdad, respetaba las decisiones judiciales y sabía que los independentistas solo desean la destrucción del Estado.

Sánchez se ha quedado sin coartada, todas las personas de su confianza están en entredicho y no sirve escabullirse políticamente culpándoles individuamente, lo hará el sistema judicial.

El daño que la imputación de Zapatero produce al PSOE es que Sánchez ha infligido porque el Consejo de Ministros es su responsabilidad, por su connivencia con Maduro, por los extraños acercamientos del gobierno a China, por la compra de votos al independentismo y por hacer a Bildu socio preferente.

El PSOE puede desaparecer, las elecciones municipales del año que viene serán un desastre sin paliativos, si nadie lo remedia. Sánchez deja un erial porque nunca le ha importado el partido que se fundó en Casa Labra, a escasos metros de la Puerta del Sol, hace 147 años.




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