El Real Madrid rota y gana contra la Real Sociedad (0-1)
Una Real Sociedad valiente, con más ocasiones y llegadas que el Real Madrid, llegará al Bernabéu con un gol en contra y con la sensación de que, para golpear al actual equipo de Ancelotti, hay que remar mucho y bien. Y los de Imanol remaron mucho, no siempre bien, y dentro de más de un mes tendrán que afrontar un Everest en el Bernabéu.
A ver cómo está el Real Madrid para la vuelta de la Copa, porque el equipo de Ancelotti ha pasado por todas las fases posibles esta temporada y, cuando se dispute la segunda manga, ya se habrán jugado los octavos de la Champions. Todo apunta a que el Madrid va a ir para arriba, porque ahora le funciona todo. En San Sebastián no fue su partido más brillante, pero sí uno de los más serios y uno en los que Ancelotti más pruebas hizo. Y ganó.
Hizo pruebas porque, ante la sorpresa general, presentó un once con Endrick de delantero y Güler en el centro del campo, los dos nombres que se suelen sacar en las redes para atacar cierto conservadurismo del entrenador italiano. Fue como un: “ahí los tenéis”, una apuesta arriesgada porque no han tenido minutos y esto era una semifinal. Además, probaba a Asencio de lateral derecho. Este último experimento salió regulín y Lucas Vázquez le sustituyó en el descanso. El canterano, entre la posición y la hostilidad de Anoeta (el árbitro tuvo que parar el partido por los insultos antes del descanso), tuvo un papel discreto, lo que no es normal dado su dinamismo. En el centro de la defensa, Tchouaméni ocupaba su lugar junto a Rüdiger. Lo del defensa-centrocampista francés es, por cierto, una de las grandes metamorfosis. Juegue donde juegue, todo le sale. Justo lo contrario que hace apenas tres semanas.
Si lo de Asencio salió regular y Güler tampoco estuvo especialmente protagonista, Endrick sí que no dejó pasar el tren. Hizo el gol y lanzó un balón al larguero en la segunda mitad. Es vertical y potente, un futbolista del que se puede sacar mucho. A su lado estuvo Vinicius. Se puede decir que lo de la capitanía era también un experimento. Era el futbolista con más tiempo en el Real Madrid (y solo tiene 24 años) y, hasta que salió Lucas Vázquez, lució el brazalete. Hubo algo de fútbol antiguo, de otros valores, en la actitud del brasileño al llevar la capitanía. Calmado y sereno, en lo deportivo y en lo extradeportivo. Fue un Vinicius atento y respetuoso con su jerarquía.
Fue él quien robó el balón en el área de Lunin para empezar el contraataque del Real Madrid en el primer tiempo. Él empezó, Bellingham continuó y su pase lo controló Endrick a la vez que giraba para salir en vertical e imparable hacia Remiro.
La Real había empezado mejor, con más balón y más ataque, con Kubo, pero sobre todo con Brais o Barrenetxea. Sin embargo, el conjunto de Imanol no es el más perspicaz cuando llega al área contraria y, cuando lo fue, apareció un gigante Lunin, al que le da igual la regularidad y no jugar. El año pasado pegó un salto tremendo en su calidad y ahora ya no se echa tanto de menos a Courtois. Sobre todo en la segunda mitad, hizo una parada increíble, muy de portero de balonmano.
La Real pudo y quizá mereció empatar, pero siempre dio la impresión de que, si el Madrid hubiese corrido un poco más, si no se hubiese calmado, también podría haberse llevado algún gol más. Si en la primera parte la Real hizo más daño, en la segunda, salvo la parada de Lunin, dio la impresión de que el Madrid, sin forzar, tenía todo más o menos controlado. Y cuando quería llegar a la portería rival, llegaba. No duda, no teme ahora.