Una guerra de coste millonario
La guerra de Ucrania es para el Ejército Ruso, incluido el temido Ejército Rojo de tiempos de la Unión Soviética, el conflicto más mortífero al que se han enfrentado los rusos desde la Segunda Guerra Mundial, aunque esta realidad no parece achantar al dueño del Kremlin. Para tener un modelo de comparación y poder evaluar la catástrofe demográfica que supone esta guerra podemos ver cómo en la Guerra de España hubo 300.000 muertos en los dos bandos en combate y otros 200.000 entre la población civil. En la actualidad se estima que Rusia ha tenido 600.000 bajas (200.000 muertos) entre sus soldados y Ucrania 480.000 (80.000 muertos), aunque Kyiv ha sufrido más de un millón de muertos y heridos entre militares y civiles.
El mayor número de bajas entre soldados rusos se debe a la forma de plantear sus operaciones como si sus tropas fueran invencibles y por su histórico desprecio por la vida de sus soldados. Los generales rusos creían que su poderío militar sería imparable y han aplicado la táctica de infantería desechable para identificar las posiciones ucranianas sin tener en consideración las posibles bajas.
Para poder evaluar la verdadera dimensión de la guerra, su futuro, es necesario señalar que Rusia tiene una población estimada en más de 146 millones de habitantes (46,3% hombres y 53,7% mujeres) frente a una Ucrania que sólo cuenta con poco más de 43 millones y que ha perdido casi un millón de habitantes en los últimos tiempos. En este conflicto la demografía rusa tiene un peso importante, sobre todo si consideramos que, aunque en pequeño número, Rusia ha logrado llevar a combatir en sus filas a rusochechenos, sirios y en la actualidad norcoreanos.
Napoleón dijo que para ganar una guerra se necesitaban tres cosas: dinero, dinero y dinero. El PIB de Rusia es de 2.021.000.000.000 dólares mientras que el de Ucrania ronda 178.000.000.000. El PIB de España es de 1.593.136.000.000 euros.
Otro dato, los rusos tienen un PIB per capita de 13.817 dólares, los ucranianos de 3.719 dólares y los españoles de 32.630 dólares. Kyiv sostiene su guerra gracias al dinero y el armamento que llega de fuera de sus fronteras a pesar de estar el país arruinado. La deuda pública interna y externa de Ucrania ha aumentado un 60% entre principios de 2022 y finales de noviembre de 2024. Ahora llega ya a los 160.000 millones, incluidos 45.000 millones de dólares de deuda pública interna. Los acreedores de la deuda ucraniana son: la Unión Europea, el Banco Mundial y el FMI. La deuda de Ucrania con la Unión Europea se ha multiplicado por ocho. Ha pasado de 5.000 millones, a principios de 2022, a 43.000 millones de dólares en la actualidad. A esta cantidad se debe añadir su deuda con el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) de 47.000 millones. La deuda de Ucrania con el Banco Mundial se ha triplicado, pasando de 6.200 millones a 20.000 millones de dólares estadounidenses. La deuda de Ucrania con el FMI entre principios de 2022 y finales de noviembre de 2024 aumentó de 14 a 17.600 millones de dólares.
Es importante saber que tanto el FMI como el Banco Mundial están recuperando sus préstamos a pesar de la guerra. Además, el FMI cobra tipos de interés abusivos de hasta el 8%. Ucrania reembolsó 2.400 millones de dólares al FMI en 2022, 3.400 millones de dólares en 2023 y 3.100 millones en 2024. Casi 9.000 millones de reembolsos pagados a costa de los ciudadanos ucrauede parecer duro para el valiente y admirable pueblo ucraniano pero puede que haya llegado la hora de cambiar paz por territorios,nianos. Entre los acreedores se puede añadir Canadá, con quien Ucrania no tenía ninguna deuda antes de 2022, ahora le debe 5.250 millones de dólares. Puede que Ucrania no pierda la guerra pero el país quedará hipotecado para todo el siglo XXI y parte del XXII.La deuda con EE UU es nula porque Washington ha preferido donar a Ucrania sus dólares en lugar de prestarle dinero. Pero Washington domina la política del FMI y del Banco Mundial, por lo que Washington puede ejercer la presión que desee sobre Kyiv, además, Ucrania depende tanto de las armas de Estados Unidos que Washington puede influir en la política del gobierno de Zelenski en la dirección que desee. El ya saliente presidente Biden, en abril de 2024, logró que el congreso estadounidense aprobase un paquete de 61.000 millones de dólares a fondo perdido para Ucrania y en noviembre autorizó el ataque a territorio ruso con misiles de largo alcance.
La llegada de Trump a la Casa Blanca ha cambiado todo esto. El nuevo presidente, más preocupado por China que por, la antes, todopoderosa Rusia, ha decidido dejar de financiar una guerra que Ucrania no puede ganar y que Putin no quiere perder. El dueño de Kremlin está sentado a la puerta de su palacio esperando ver pasar el cadáver de su enemigo. Europa, una entelequia que va camino de convertirse en mitad geriátrico mitad parque de atracciones, no parece capaz de recuperar el pulso, además, los partidos del bloque Patriotas por Europa ven con cierta simpatía a Rusia, al igual que le ocurre a Trump con Putin. P más cuando el nuevo «sheriff» de occidente parece decidido a cortar el grifo a Zelenski y meter en cintura a sus decrépitos socios europeos. No sé quién dijo la frase, pero ¡más vale una mala paz que una buena guerra!