De norte a sur, el país empieza en una playa olvidada, donde el viento arrastró la arena sobre lo que alguna vez fue un centro vacacional. Es Playa Bagdad, en Matamoros, Tamaulipas, un paraíso olvidado en la esquina derecha de México.En el siglo XIX, este histórico puerto fue un enclave estratégico durante la Guerra de Secesión estadunidense, un vínculo clave para el comercio de los estados confederados con Europa. Hoy, las palapas cerradas y las mesas vacías cuentan otra historia: la del abandono, la pesca furtiva y el trasiego de drogas.En su apogeo, el puerto albergó hasta 15 mil personas y bullía de actividad pesquera, entre barcos con mercancías europeas y mercaderes internacionales, se recuerda. Ahora, las pocas manos que atienden los negocios apenas ven clientes ofertando micheladas a 120 pesos, y a 60 la cerveza chica. El sol se refleja sobre estructuras corroídas por la sal y el tiempo. Y su malecón, no hay malecón, sólo el concreto despedazado por el paso del tiempo.En Playa Bagdad y El Mezquital, el mar reclama vidas cada año. Quienes se aventuran en sus aguas y llegan a ser arrastrados por las olas, lo hacen bajo su propio riesgo. No hay rescatistas, no hay seguridad. No hay nadie.Los únicos que ahí están—y de manera esporádica—los soldados y guardias que hacen patrullajes hasta este lado del país, que alguna vez fue visitado por casas rodantes de placas texanas.Aunque recientemente las autoridades municipales han prometido reparar el muro de contención, la realidad es que el miedo no proviene de las playas sino del crimen.Apenas hacia finales del año pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció sanciones contra Ismael Guerra Salinas, alias El Mayelo; Omar Guerra Salinas, El Samorano; Francisco Javier Sierra Angulo, El Borrado; Raúl Decuir García, La Burra; e Ildelfonso Carrillo Sapien, El Chivo, todos vinculados con el Cártel del Golfo, una de las organizaciones criminales más antiguas del país, acusados de pesca ilegal, tráfico de drogas y de personas."Las organizaciones criminales transnacionales como el Cártel del Golfo dependen de una variedad de esquemas ilícitos como la pesca ilegal para financiar sus operaciones", declaró en su momento Bradley T. Smith, subsecretario interino de Terrorismo e Inteligencia Financiera de Estados Unidos.El cártel no solamente trafica marihuana, cocaína y metanfetamina; también explota el comercio ilícito de pargo rojo y tiburones, utilizando embarcaciones en Playa Bagdad, también conocida como Playa Costa Azul, de acuerdo con el Departamento del Tesoro.Las promesas de rescate de la playa se acumulan. Humberto Francisco Salazar, recientemente designado administrador por el alcalde Alberto Granados Fávila, anunció en redes sociales su intención de mejorar la imagen del lugar.Incluso busca patrocinadores para que se pinte un mural del cantante Rigo Tovar para embellecer el espacio. Pero más allá de la pintura, los visitantes demandan seguridad.José Ángel, un turista, comparte su dilema: "La verdad, me gusta más Playa Bagdad que Miramar, pero por seguridad prefiero Miramar. Es más seguro viajar allá".A pesar de estas preocupaciones, la playa sigue abierta y cobra 25 pesos por vehículo para ingresar, y 15 pesos por el uso del sanitario, como si fuera un destino paradisiaco. Y podría serlo. Pero en vez de mantenimiento, lo que se observa son desechos acumulados con hedor a basura.El camino hacia Matamoros es una línea recta de asfalto que invita a pisar el acelerador. Más vale hacerlo: el desierto se extiende a los costados y con él, la sensación de vulnerabilidad. La soledad y el miedo se vuelven compañeros de ruta. Las hectáreas pantanosas que flanquean la carretera refuerzan la idea de una tierra abandonada, o en venta.La presencia del narco es una sombra cotidiana. Por ejemplo, se vive en un Oxxo a pie de carretera a la altura de la comunidad de Longoreño, también en Matamoros. Tres hombres bajan de un vehículo tipo Razer.Uno de ellos destaca: brazos, cuello y orejas cubiertos de tatuajes. El brillo del oro en sus cadenas contrasta con las calaveras entintadas en su piel, y no deja pasar la oportunidad para evidenciar que trae un arma en el cinto.Se pasean con soltura, saludan a las empleadas, pagan sus cervezas y desaparecen entre el rugido de los corridos alterados que resuenan desde su vehículo.El camino cruza ejidos, yonkees de autos y propiedades de compra-venta. Dicen que desde aquí se pueden ver los cohetes cuando hay lanzamientos espaciales en el estado colindante de Brownsville, al otro lado de la frontera. El próximo lanzamiento será este 28 de febrero.La carretera corre paralela al río Bravo, aunque su caudal permanece invisible. Sólo los vehículos todoterreno se aventuran por estos parajes. Y aquel que se atreve a desafiar las brechas, puede quedarse atascado entre los poncha llantas, o hacer detonar una bomba casera.Incluso los soldados desplegados en la zona reconocen la realidad de la esquina del país: es una franja de ingobernabilidad. Se recorre con camionetas blindadas y con un tirador atento. Por si se topan con algunos monstruos de blindaje artesanal.ksh