Sintiendo la amenaza de los calambres en sus piernas. El box de
Alexander Zverev tocó a rebato ante la petición del jugador de algún remedio que evitase sufrir un episodio como el que se llevó a
Jannik Sinner del torneo dramáticamente. No hacía calor extremo, pero en su su vida el alemán había padecido tantos nervios. El vértigo a la victoria o al fracaso. El mismo impostor, un huracán de sensaciones que llevó al límite al tenista de Hamburgo. Que acabó tirado de espaldas rebozándose en arcilla y llorando de emoción. Y alivio.
Leer más
]]>