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Декабрь
2017

La legionella, cómo prevenir esta terrible enfermedad

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Otro de los nombres que recibe es enfermedad del legionario, ya que el brote original de esta bacteria se produjo durante una Convención de la Legión Americana en Philadelphia, en 1976.

Sus síntomas más comunes son fiebre, tos fuerte, diarrea, dolores musculares o dificultad para respirar, aunque a veces se manifiesta con una forma clínica no neumónica, conocida como 'Fiebre de Pontiac', cuyo síntoma principal es fiebre elevada.

Las bacterias responsables de esta enfermedad, que puede llegar a ser mortal, se desarrollan en las aguas estancadas y en ambientes cálidos y húmedos. La principal fuente de contagio para las personas se encuentra en las instalaciones de agua y aire acondicionado de grandes edificios, como hospitales, oficinas, hoteles, baños turcos, centros comerciales... Las bacterias son inhaladas al respirar y empieza a desarrollarse la infección.

Desde finales del siglo XX,  la legionella fue reconocida como una enfermedad de declaración obligatoria y, en nuestro país, se calcula una incidencia de 3 casos por 100.000 habitantes al año. Desgraciadamente, a nivel particular pocas medidas se pueden acometer para prevenir la legionelosis, siendo los responsables de estos lugares que hemos citado como principales fuentes de infección los que deben contratar a las adecuadas empresas de control contra la legionella para no poner en juego la seguridad pública. Nunca se ha podido demostrar que exista riesgo de contagio de una persona a otra, por lo que volvemos a insistir en que poco podemos hacer a nivel personal.

Factores de riesgo individuales que sí podemos evitar

Hemos comentado que intentar evitar el contagio por legionella es sumamente complicado para los individuos, ya que la responsabilidad recae en los responsables de los grandes edificios e instalaciones públicas que deben correr con el correcto mantenimiento de los sistemas de agua y refrigeración. No obstante, aunque cualquier persona puede infectarse con la bacteria de la legionella, hay riesgos personales y ambientales que aumentan las posibilidades de padecer este mal, pero que sobre todo dificultan el pronóstico, el tratamiento y la recuperación del paciente.

Entre los factores que podemos evitar destacamos fumar, que por tratarse de una afección respiratoria, este hábito tan dañino dificulta enormemente la sanación. El alcoholismo, pues nuestro sistema inmunológico se verá debilitado, siendo más propensos a contraer cualquier tipo de infección y complicando igualmente el proceso de recuperación.

Otros factores individuales, pero que desgraciadamente no podemos evitar, son padecer una enfermedad respiratoria crónica, como el asma, la avanzada edad, tener debilitado el sistema inmunológico por alguna enfermedad o tratamiento, y pertenecer al sexo masculino, pues los hombres son más propensos a padecer legionella, siendo el 75% de los afectados varones.

Los factores externos que determinan el contagio de esta bacteria son la exposición a aerosoles o duchas de los centros sanitarios, como las clínicas y hospitales, o grandes edificios, como los hoteles. También se produce el contagio por infección del material sanitario, como sondas nasogástricas o equipos para la asistencia respiratoria, entre otros. Igualmente peligrosas resultan las fuentes de refrigeración, como los aires acondicionados, y las saunas, sistemas de riego con aspersores…

Tratamiento para la legionella

Actualmente, numerosos estudios científicos demuestran que los antibióticos más efectivos en la lucha contra esta enfermedad son la azitromicina y el levofloxacino, ya que penetran mejor a nivel pulmonar, que es donde se encuentran estas bacterias, y además tienen menos efectos secundarios para el paciente.

En cuanto a la duración del tratamiento antibiótico suele oscilar entre 7 y 10 días, independientemente del fármaco elegido. Aún así, esta duración puede verse afectada en pacientes con trastornos inmunológicos o en trasplantados, en cuyo caso necesitarán un tratamiento más prolongado.

Dado que la enfermedad que causa la legionelosis es una neumonía, y afecta a los pulmones y el sistema respiratorio, otra medida que suele aplicarse es el suministro de oxígeno, complementándose con analgésicos para paliar los dolores articulares y la cefalea.

Es vital actuar con prontitud, así que lo más recomendables es iniciar el tratamiento de la legionella en cuanto existan indicios de que se padece la enfermedad, ya que cogida en una fase temprana y tratada adecuadamente, el pronóstico es excelente, sobre todo si el paciente gozaba de buena salud previamente.

Debemos recordar, no obstante, la peligrosidad que atañe a esta enfermedad, que puede llegar a ser mortal, o bien porque se padecen otras enfermedades, porque el sistema inmunológico está debilitado o porque se contrae estando hospitalizado tras un trasplante.




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