Merkel defiende el aumento del gasto militar en Alemania al 2% del PIB
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Merkel, que no avanzó plazos concretos para esos aumentos del gasto en Defensa, tranquilizaba con estas declaraciones ciertas inquietudes surgidas a raíz de los presupuestos generales alemanes para 2018, en los que esta partida se mantiene invariable sobre la del pasado ejercicio, en el 1,2 %, con un desembolso total de 38.500 millones de euros en Defensa y lejos todavía del 2 % al que se ha comprometido antes de 2024. Esta línea sostenida, fruto dela nueva gran coalición formada por Merkel con los socialdemócratas del SPD, interrumpía el proceso de aumento iniciado ya en los presupuestos generales de 2017, que contemplaron un incremento notable de la partida destinada a los organismos de seguridad y lucha antiterrorista. Además de 876 millones de euros para más personal y medios, el Ministerio de Exteriores recibió unos 630 millones más de lo previsto para emplear en Siria, 1.200 millones para la atención de refugiados en Jordania y Líbano, y el Ministerio de Desarrollo 550 millones adicionales.
Tras la presentación de los presupuestos de 2018, la ministra de Defensa Ursula von der Leyen no ocultó su decepción y había pedido por carta a los responsables de Finanzas de su Gobierno un incremento de la dotación presupuestaria de su departamento, aprovechando la buena situación económica que vive el país, quejándose de que «el presupuesto actual no cubre ni la cuarta parte de las necesidades existentes». «Son necesarios más incrementos de los gastos de Defensa», insistía, recordando que atravesamos un momento de crecientes tensiones con Rusia. El ministro de Finanzas, el socialdemócrata Olaf Scholz, parece haber impuesto su criterio en materia de gasto militar y la conservadora von der Leyen ha reconocido que, en ese caso, Alemania deberá poner fin a las misiones en el extranjero que ha llevado a cabo en los últimos años para, en su lugar, centrarse en la defensa en el interior del país. Con sus declaraciones de ayer, Merkel sale al paso de la polémica entre los dos ministros y trata de poner orden en el gobierno alemán, decretando que las discrepancias internas en ningún caso llevarán a Alemania a incumplir un compromiso que adquirió con la OTAN en 2016.
