Rosenberg de Blanes
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Pero después hay preciosas paradojas. Porque el parlamento de Cataluña eligió ayer con toda naturalidad como presidente de la Generalitat a Quim Torra. Que es un personaje que escribe mensajes perfectamente atribuibles a Alfred Rosenberg, el gran ideólogo del nacionalsocialismo e inspirador del Holocausto. Cambiando españoles por judíos y alemanes por catalanes, Quim Torra utiliza exactamente los mismos términos que el «padre de la iglesia del nacionalsocialismo» en su desprecio hacia quienes consideraba seres de menor calidad y raza inferior. Rosenberg escribió «El Mito del siglo XX», el manual del sumo sacerdote del racismo. Él fue el teórico de la proyectada limpieza total del Lebensraum (espacio vital) de los alemanes de toda presencia y huella judía. No por casualidad fue desde 1941 ministro para los Territorios Ocupados del Este donde dirigió el saqueo del este y la URSS y la Solución Final del problema judío, es decir el exterminio de todos los seres humanos que él tachaba de alimañas repugnantes. Igual que Quim Torra. Rosenberg solo escribía y organizaba. Daba ideas. Fue ahorcado después de Nuremberg. Nadie que escriba en los términos de Rosenberg o Torra ocupa un cargo público en Europa. Nadie, ni en la más radical extrema derecha europea legal, ha publicado textos como el leído ayer en el parlamento catalán por Inés Arrimadas. Hay que irse a las espeluncas más sórdidas del nazismo químicamente puro para encontrar prosa como la oída ayer en Barcelona.
Pues ahí lo tienen ya de presidente. Y todo lo que sabemos del presidente del gobierno de España, responsable último de garantizar la seguridad de todos los españoles, es decir también de quienes son alimañas despreciables a ojos de Torra, es que no le gusta lo que oye. Torra ha anunciado que va a violar todas las leyes que sea necesario para implantar su República y piensa liquidar las instituciones con organismos fantasma paralelos. El Estado ha cedido lo que nunca debió ceder. Y ha llegado al límite. El abuso y la disposición a violar las leyes son ya tan procaces y brutales que peligran la seguridad general, la integridad física y la propiedad de la ciudadanía no separatista en Cataluña. Puede que un nuevo 155 ya no sea suficiente. Harán falta otros artículos constitucionales. Como tarden los gobernantes en restablecer una legalidad incuestionable pueden encontrarse con que sube aun más el precio y han de ejercer masiva fuerza del Estado para que España no se deslice en aquella región hacia el enfrentamiento civil.
