El «doctor muerte»: rajó a una paciente para conseguir droga en vez de salvar su vida
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Hay miles de españoles, entre ellos 105 mujeres, repartidos por cárceles de distintos lugares del mundo. «En Perú nos quieren mucho a los españoles, pero no en las cárceles», comentó Cárdenas. Lo cierto es que «no olvidan que Pizarro fuera a llevarse el oro y ahora tienen la imagen de que vamos a quitarle el producto nacional, que es la cocaína», contó el invitado.
A Rafael Castro, el invitado de «Hora Punta», lo captaron en la cola del INEM. «Llevaban estudiándome un tiempo. Hasta que un nigeriano me dio un cigarro y me preguntó si lo estaba pasando mal. Le contesté que sí», relató. Fue entonces cuando le propusieron un «negocio que estaba prácticamente hecho». Él «solo» tenía que hacer un viaje «como un turista más». «Estuve más de 20 días en Perú haciendo vida 'normal'», dijo.
Le habían ofrecido ocho mil euros por cada kilo que transportara, pero nunca llegó a ver ese dinero y a cambio tuvo ocho años de condena. «Te dicen que está todo hecho. Que el viaje es de noche, no hay perros y que la Policía de la frontera está comprada. En ese momento, tenía tanta presión encima que acepté», añadió. En España dejó a la que entonces era su mujer y sus dos niñas, «que hoy en día ya son mujeres». Con el tiempo se dio cuenta de que él solo era un señuelo para entretener a la Policía, mientras que otros cuatro hombres más cargados con cocaína pasaron tranquilamente.
Cuando Castro llegó al penal de Sarita Colonia descubrió una cárcel sin ningún tipo de higiene. «Allí no hay ni bandejas para comer. Tenía un tupper de plástico con el que teníamos que ir cargado todo el día porque como lo perdiera, no tenía otro», comentó. Pero no fue lo único desagradable que vio. «Altruistamente, comencé a trabajar en lo que es como la enfermería. Me convertí en el enfermero de la cárcel por un cursillo que había hecho anteriormente», dijo. Allí vio morir a 45 compañeros de cárcel.
Rafael Castro trabajó junto al «médico de muerte». «Él sí que era un médico cirujano. Estaba allí porque formó parte de una red que pasaban la droga en cápsulas en el estómago protegidas por un par de preservativos. El que transporta esa droga tiene que seguir una serie de normas: no comer, no beber nada caliente... Pero hubo una chica a la que se le reventó. Él, en lugar de ayudarla, solo se preocupó por recuperar el material, y eso es una muerte segura. Por eso, le cayeron 25 años de condena», concluyó.
