¿Fiable? No sé. ¿Previsible? ¡SÍ!
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Mucha gente califica este comportamiento como el éxtasis del maquiavelismo y sentencian que el partido-guía en el País Vasco no es un socio fiable, mientras que sus partidarios lo consideran una sublime lección de oportunidad. ¿Es así? No sé si es fiable, pero estoy seguro de que previsible, sí. El PNV no ha nacido para salvar los muebles de los partidos españoles y sabe aprovechar muy bien sus debilidades, cuando las circunstancias le posicionan en el centro del tablero, para lo cual no necesita sacar muchos escaños (solo tiene cinco), sino que los demás carezcan de los suficientes para evitarle. Si se fija, de lunes a viernes el PNV, liderado aquí por Íñigo Urkullu, se dedica a gestionar el día a día y lo hace con una eficacia probada. El fin de semana cede el testigo a su otra alma, sube al monte y lanza desafíos.
Entonces, ¿deberíamos preocuparnos por la inclusión de la Seguridad Social en el borrador del nuevo Estatuto? En absoluto. Más bien es al contrario. Creo que eso demuestra que el PNV sabe que el proyecto actual no irá muy lejos con semejantes pretensiones y en compañía tan singular. Por eso le da igual lo que ponga.
Recuerde dos cosas: Una, que el déficit de las pensiones vascas es de unos 3.000 millones de euros, equivalente al gasto en sanidad. Y también que, además de previsible, el PNV tiene buena puntería y no acostumbra a pegarse tiros en el pie. Me imagino que Urkullu le habrá avisado ya a Sanchez: «Oye Pedro, tú que eres tan generoso, ¡ni se te ocurra darnos lo que pedimos!».
