Dime cuánto lees y te diré cómo escribes
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Se presentaron más de 200.000 aspirantes, animados por la primera gran oferta de empleo público en nuestro país desde 2009. Pero, al parecer, con lo que muchos no contaban era con la exigencia ortográfica de los tribunales. No fue algo generalizado, pero hubo errores gramaticales y faltas de ortografía en las respuestas de quienes deben enseñar a no cometerlos, y hasta en el enunciado de una de las preguntas («Comente el tratamiento de la plasticidad a lo largo de el poema»). También usaron abreviaturas, propias de los apuntes, y expresiones coloquiales y juveniles.
Una circunstancia que ha hecho saltar las alarmas de un país que vive más pendiente de Twitter (los tuits son un ejemplo más del absoluto desprecio por la lengua escrita) que de los rótulos que acompañan las imágenes de los telediarios, a veces plagados de errores. Y qué decir de la expresión oral: a diario vemos en la televisión a «tertuliajos», que diría Sánchez Ferlosio, meterle patadas al Diccionario sin despeinarse, tanto en «realitys» como en programas supuestamente serios.
Asediados por la inmediatez que exigen las redes sociales y la falta de tiempo, hemos descuidado la ortografía (también los medios). Y los peor parados han sido nuestros jóvenes, que han despegado sus ojos de los libros y los han colocado en múltiples pantallas. Pero claro, es que un 40,3% de los españoles reconoce no leer nunca o casi nunca por ocio y a un 35,1% no le gusta o no le interesa, según el último Barómetro de Hábitos de Lectura, de 2017.
