Bancos vs. pueblo
Aleccionadora la reacción del índice bursátil y del tipo de cambio por la iniciativa de los senadores de Morena de revisar las comisiones bancarias. La sensibilidad y nerviosismo va en aumento. Seguramente la cancelación de la construcción del aeropuerto en Texcoco mucho tuvo que ver; contrario a lo anterior, el tema de la revisión de las onerosas y excesivas comisiones bancarias es comparativamente asunto menor. El mensaje de los inversionistas es claro, no más decisiones por justas que sean a contrapelo del estado de cosas en la economía nacional. Ruge el tigre neoliberal.
El Presidente electo reaccionó no solo de manera conciliatoria, sino fue mucho más allá, ordenó frenar la iniciativa y se comprometió a no cambiar las reglas del juego en materia fiscal y financiera en los primeros años de su gobierno. Una concesión mayor que el capital habrá de recoger con beneplácito. Ahora el asunto se concentra en el destino del gasto bajo la discutible hipótesis de que habrá un crecimiento en el orden de al menos 4 por ciento anual.
Los bancos son uno de los negocios más rentables. También su contribución a la economía ha sido importante, aunque el crédito es muy caro para quien más lo necesita. La banca con mayor presencia es de empresas globales. Se dice que es en México donde obtienen más utilidades. También se dice que éstas provienen, casi en una tercera parte, de las comisiones que pagan los usuarios de la banca. Se señala que las comisiones son más elevadas en México que en otros países. Quizá el usuario bancario esté pagando pecados del pasado, desde luego, no los propios, sino del gobierno. La confianza tiene precio, aquí y en todo el mundo.
A diferencia de otros sectores de la economía los bancos han ganado buena imagen. Pero, su servicio se ha deteriorado, al menos en ventanilla, los cargos son excesivos y a veces injustificados. La iniciativa de Morena apunta a uno de los reclamos que muchas pequeñas empresas y usuarios de la banca padecen. Se debe decir que el problema no está en la legislación, tampoco en los bancos, sino en el regulador. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) ha sido complaciente en exceso por su sometimiento a la Secretaría de Hacienda. Incluso ha habido casos de grave negligencia en la supervisión, como el que dio lugar al fraude multimillonario de Ficrea. La institución representante de los usuarios de instituciones financieras, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), aunque se esfuerce, tampoco ha podido revertir el abuso que por igual viene de bancos que de compañías aseguradoras.
Una pena que el capital político de Morena se hubiera acabado en revertir la obra de Texcoco. Mejor hubiera sido revisar los muchos casos de afectación social y exceso, como es el de las comisiones bancarias. Los órganos autónomos han funcionado razonablemente bien. Allí están el INE, el Banxico y la Cofece, dirigida por un pleno de comisionados tan discreto como eficaz. Lamentablemente la CNBV no ha estado a la altura. Se espera que con su nuevo presidente, Adalberto Palma, y renovado consejo puedan propiciar que la banca se oriente más a las necesidades que plantea la economía sin dejar de ser negocios rentables.
El control de daños por cancelar Texcoco ha sido más que eso. Resarcir a los empresarios afectados a quienes en su momento se les acusó de corruptos tiene valor para ellos, no para el país, tampoco para los inversionistas, porque revela a un futuro presidente decidido a tomar decisiones unilaterales, al margen de un sentido básico de responsabilidad. La reacción por la iniciativa de Morena indica que el margen de maniobra del nuevo gobierno se ha reducido significativamente. También que el Presidente electo lo ha entendido. Empero, poco resuelve porque el problema también está en la orientación al gasto y en las prioridades de desarrollo de infraestructura.
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