La lechera y el doctor
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Estamos ante un Gobierno de formato «cuento de la lechera» comandado por un presidente que habla y habla, de viaje en viaje, pero que se halla realmente en una agonía gestora que se ha cronificado en solo seis meses. Estamos ante un presunto líder que a los ojos de los ciudadanos aparece ya como en mitad del camino intentando recoger la leche derramada tras el trastazo que se dio la cántara por ir pensando en un futuro arcangélico sin fijarse en las fatigas del presente y las piedras del camino, las que puso el destino y las que le ponen sus socios, que ya le señalan el reloj. Y entre tanto, él como si nada, tenaz en su caótica gestión, gobernando con cuentas prestadas, con su discurso descuartizado por la realidad, masacrado por su fértil hemeroteca, sin otro patrón que prometer el paraíso dentro de veinte años, porque dentro de veinte años vete a saber dónde estamos y el que venga detrás que arree... Pero incluso a él le flaquea el entusiasmo. Ayer admitió que «sin Presupuestos, mi vocación de llegar al final de la legislatura se ve acortada». [En román paladino, «estoy frito»].
