El sitio de los golpistas
0
A las duras y las maduras, las obsesiones identitarias del nacionalismo se manifiestan a través de un movimiento de sístole y diástole cuya fase expansiva sirve para exagerar cualquier hecho diferencial y cuyo estadio contractivo permite limitar las consecuencias de sus actividades ilícitas al ámbito doméstico. Practican y financian el victimismo universal con balcones a la calle e internet, pero luego reculan y aseguran que sus charlotadas no tienen recorrido más allá de las fronteras regionales que aparecen en sus manuales de estudio.
Atentar contra la unidad de España, como hizo la cúpula de la Generalitat, ha de ser normalizado como inocente atavismo de un pueblo que en días de fiesta sabe disfrutar a lo grande para contárselo al mundo. Incluso el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, donde los golpistas quieren ser evaluados, le viene grande a lo que no pasó de ser la astracanada otoñal de cuatro cierrabares. En un buen juzgado de paz se suelen ventilar estas cosas de verbena y desfase, pero son precisamente las fronteras que tanto inquietan y afligen al nacionalismo las que van a determinar que finalmente se sienten en el banquillo del Supremo, el mismo tribunal que, a las malas y las bravas, con tractores y alcaldes en vez de abogados, quisieron quitarse de en medio y para siempre.
