Pedro Sánchez ha vuelto a ejercer de ajedrecista y, en una jugada, ha reposicionado varias piezas del tablero político. El presidente del Gobierno viene afrontando tres frentes principales que ayer, en Barcelona, ha encauzado en un solo lance del juego. Esos frentes son, primero e indispensable, lograr la aprobación de los Presupuestos para 2019; suavizar el conflicto independentista sin que le pase factura; y esquivar un adelanto electoral. El gambito ideológico de Sánchez se ha centrado en azuzar el fantasma de '¡que viene la derecha!', y más derecha que nunca. Ha vendido un contrafactual al independentismo: si no es conmigo, vienen juntos las 'gaviotas' y los 'naranjas', pero ahora con Vox, que ya hemos visto en Andalucía hace tres semanas cómo ascienden. Ojito, que el 155 que pueden acordar nada más sumen mayoría puede ser el 155 al cuadrado, estratosférico e indigerible para un Govern que haya permitido ese vuelco político que conllevaría la pérdida de las atribuciones de la Generalitat por algo tan inopinado como negar el apoyo al 'dialogante' Sánchez.