Sufrida victoria del Real Madrid en Múnich
Bastaron apenas unos segundos para ver que no iba a ser un partido más del base madridista. Una bandeja por el medio de la zona, sorteando rivales, le sirvió para soltar lastre. De repente, sus piernas volvían a volar. Más aún con los dos triples que anotó de manera consecutiva poco después.
Se movía el Madrid a su ritmo y así fue creciendo la distancia en el marcador. Notable ya al final del primer periodo, sellado con otro triple más del balear, que antes de irse a descansar tuvo tiempo de anotar dos más. Fueron trece minutos mágicos en los que Llull sumó 17 puntos -con un solo fallo-, 3 asistencias y 1 robo de balón. Camino del banquillo, antes de dar el relevo a Campazzo, se le escapó una risa burlona. Feliz por lo que había ocurrido, aunque consciente de que todavía le queda mucho para alcanzar la velocidad de crucero y la regularidad.
Por entonces, el dominio del Madrid era ya evidente. Porque a la puntería de Llull se le había sumado la de Randolph, el pundonor de Rudy -brutal en la defensa- y la calidad de Thompkins. Todo, acompasado por un Campazzo que volvió a acertar con el aro cuando sonaba la bocina del final del segundo cuarto (31-46). El argentino se está convirtiendo en un especialista en esos lanzamientos desesperados. Un recurso que en su caso empieza a ser demasiado habitual.
Ganaba el Real Madrid con holgura al descanso y eso que Laso no había tenido que tirar aún de un clásico como Carroll. El americano se sumó a la fiesta en el tercer cuarto y con él en pista la ventaja siguió creciendo 47-63, min. 27).
Fue en ese momento cuando la defensa bávara se intensificó y por ahí se equilibró algo el duelo. Aun así, a los blancos les bastaba con la inspiración de Randolph -por entonces ya, el mejor del partido- para mantener el choque bajo control. El brutal acierto exterior del Madrid, superior al 50 por ciento durante muchas fases del partido, desesperó a los alemanes, que tenían en Jovic a su principal surtidor de puntos. A él se encomendaron para tratar de ir poco a poco limando la diferencia en el marcador. Punto a punto, jugando con la relajación visitante, el Bayern fue acercándose hasta situarse a dos al inicio del último cuarto (66-68, min. 32).
El desarrollo del choque, calcado al de hace dos días frente al Panathinaikos en el Palacio, obligó a los blancos a remangarse. No hubo esta vez un parcial demoledor. Le tocó sufrir al campeón para ganar en Múnich un partido que tenía ganado y que solo desatascó en los últimos minutos. Tuvo mucho que ver Campazzo en esa reacción final. El argentino entendió que el choque se ganaría desde la defensa y contagió a sus compañeros para cerrar los espacios y volver a ahogar al Bayern. La defensa y el talento de Thompkins decantaron el choque. Un triunfo más para los blancos, que regresaron felices a Madrid con Llull un paso más cerca de volver a ser Llull.
