Objetos de la vida cotidiana convertidos en best-sellers
Algunos de ellos pasaron casi de puntillas en sus inicios hasta acabar conquistándonos, mientras que otros se convirtieron desde el primer día en auténticos best-sellers o éxitos de ventas. Muchos de ellos tuvieron precios prohibitivos y al alcance solo de unos pocos hasta que la producción industrial masiva y una correcta mercadotecnia consiguiesen convertirlos en artículos de uso masivo y al alcance de todos los bolsillos.
Desde el bolígrafo hasta las latas de conservas, pasando por los pañales para bebés o los condones. En este artículo haremos un repaso a algunos de los más significativos objetos de uso cotidiano, asomándonos a sus orígenes y posterior implantación generalizada en nuestras vidas. Sin duda, este listado podría incluir cientos y cientos de dichos artículos. Pero en esta ocasión hemos seleccionado solo algunos de ellos considerando cual diferentes serían nuestras vidas si no dispusiéramos del pequeño lujo de disponer de dichos objetos en nuestra vida cotidiana. Lo cierto es que hablamos de pequeñas creaciones que no son sino un importante legado de la capacidad de inventiva del ser humano y de nuestra evolución como sociedad.
Imaginar nuestras vidas sin ellos sería complicado
Hasta el siglo XIX el ser humano necesitaba del fuego, o posteriormente del gas, para iluminarse por la noche o para disponer de luz en situaciones de oscuridad. Todo ello cambió con la invención y expansión de la bombilla eléctrica. Su creación y producción por el estadounidense Thomas Alva Edison supuso un antes y un después para nuestro desarrollo como sociedad, permitiendo con el tiempo a cualquier hogar disponer de una necesidad que hoy en día por básica ni siquiera apreciamos. Un caso similar al de los pañales para bebés (también las compresas para la menstruación de las mujeres), creación que permitió un inmenso avance en higiene desechable. Antes de estas creaciones, cada vez que un bebé hacía sus necesidades fisiológicas era necesario cambiar y lavar el pañal de tela.
Desafortunadamente, y por las razones de todos conocidas, medir la temperatura corporal se ha convertido en parte de nuestra rutina en estos tiempos. Tanto ir a un supermercado como estar de paso en un aeropuerto, por ejemplo, implica actualmente la medición de nuestra temperatura antes de tener el visto bueno para comprar o para coger un vuelo. Este proceso es bien sencillo y rápido gracias a los termómetros digitales, una invención relativamente reciente que sustituyó con gran éxito a los tradicionales y más complicados de usar termómetros de mercurio. Independientemente del contexto actual creado por la pandemia, la inmensa mayoría de los hogares disponen de uno de estos dispositivos digitales que de manera fácil y en cuestión de segundos determinan prácticamente sin margen de error si tenemos o no fiebre.
El nombre de Napoleón Bonaparte evoca a famosas batallas, campañas para expandir su imperio o a sus famosos rasgos físicos. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que uno de los inventos que acabaron convirtiéndose en imprescindible para la humanidad tuvo su origen en los campos de batalla de las guerras napoleónicas. Ideada y creada por el chef y químico francés Cappert a principios del siglo XIX, los ejércitos del emperador Bonaparte fueron los primeros en usar la comida enlatada durante sus largas campañas bélicas. Un invento que permite mantener los alimentos en perfecto estado de conservación durante años y años, y que podemos encontrar en cualquiera de nuestros hogares. No exageramos al afirmar que nuestras vidas no serían igual sin las útiles y prácticas latas de conserva.
Qué sería de nosotros sin el bolígrafo
Aún en tiempos digitales en los que nos pasamos la mayor parte del tiempo escribiendo en el teclado de nuestro portátil o de nuestro móvil, nuestra vida cotidiana sigue necesitando del bolígrafo. Sucesor incuestionado de las plumas estilográficas y, con anterioridad a ellas, de las plumas de ave como herramienta de escritura, la verdadera expansión de este artilugio se debe a la empresa francesa BIC que lo puso en el mercado allá por los años 50 del pasado siglo. Su practicidad y facilidad de uso en comparación con sus antecesores históricos y su económico precio hacen, sin duda alguna, del bolígrafo uno de los más claros ejemplos de objeto cotidiano convertido en todo un best-seller en nuestras vidas.
Para aquellos de nosotros no demasiado duchos en las artes culinarias, el horno microondas es un importante aliado a la hora de saciar nuestro apetito diario sin derrochar demasiado tiempo y esfuerzo en la cocina. Su invención se debe al ingeniero americano Percy Spencer justo a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, aunque habría que esperar hasta los años 80 del pasado siglo (en el caso de España, probablemente hasta los 90) para poder afirmar que el microondas pasó a formar parte de nuestra vida cotidiana, encontrándonoslo en cualquier cocina de clase media en el mundo.
Concluiremos esta somera lista de objetos imprescindibles de uso cotidiano con el preservativo. Su popularización en la segunda mitad del siglo XX marcó toda una era en lo concerniente a nuestras relaciones sexuales libres de paternidades no deseadas, además de prevenir enfermedades de transmisión sexual. Una creación relativamente reciente para la humanidad y que sentó las bases de una sexualidad controlada al alcance de todos. El caso de los anticonceptivos de uso femenino como la píldora, marcó además un camino desde entonces afortunadamente sin vuelta atrás para la libertad sexual de la mujer y su pleno goce en igualdad de condiciones al hombre.
