Cien años después de muerto, Galdós se ha personado entre nosotros con estrépito. Merecidísimo, por cierto: «Fortunata y Jacinta», «La de Bringas» o las novelas de Torquemada figuran entre lo mejor que ha producido la literatura española durante siglos. Al tiempo me ha parecido detectar, detrás del homenaje y los actos de recordación, una voluntad quizá inconsciente de desagravio. ¿Raro? No. Hasta hace poco no era aún de buen tono, resultaba incluso extemporáneo, confesar que se leía a Galdós. La necrológica de Ortega, publicada en «El Sol» el 5 de enero de 1920, es elogiosa, aunque, a la vez, ligeramente condescendiente. Ortega retrata a Galdós como «el príncipe» del pueblo madrileño, título que lo emparenta más con «La verbena de...
Ver Más