Días de tormenta
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En una acción coordinada —se supone que por Sánchez, pero vete tú a saber—, cinco ministros salieron a la palestra para airear sus diferencias con Podemos: Calviño, Escrivá, Campo, Maroto y Robles. De todos ellos, la ministra de Defensa fue la más explícita. Le recordó a Iglesias que él no era el presidente del Gobierno y que no se puede estar, al mismo tiempo, en el banco azul y en el tendido de la Oposición. La respuesta no se hizo esperar. Horas más tarde, la dirigente podemita Ione Belarra, secretaria de Estado de la Agenda 2030, le dedicaba a Robles un tweet que sonaba como un obús: «cuando eres la ministra favorita de los poderes que quieren que el PP gobierne con Vox, quizá estés haciendo daño a tu gobierno». La estridencia de la respuesta conmocionó a la porción del Consejo de Ministros que no se habla con la otra. Nunca, hasta ahora, las discrepancias de los socios de coalición habían llegado tan lejos. El contexto no ayuda a mitigar el enfrentamiento. Podemos viene de ganarle a Ciudadanos la batalla de los Presupuestos, ha impuesto frente al criterio de los barones del PSOE la normalización de Bildu y ha secundado activamente la pretensión de ERC de liquidar al castellano como lengua vehicular en Cataluña. Las palomas están hartas del progresivo influjo de los halcones en la política gubernamental y han dicho basta.
Se supo que la reacción del llamado sector moderado tenía más entidad que otras veces cuando PNV y JxCat arrastraron a una enmienda conjunta en defensa de la escuela concertada a los tres partidos del bloque de la derecha. La idea de que PNV y Ciudadanos pudieran aparecer juntos en un duelo contra Sánchez hizo que se tambalearan los cimientos de La Moncloa. Era un secreto a voces que los ministros que odian a Podemos estaban azuzando a Aitor Esteban y a Inés Arrimadas para que ayudaran a pararle los pies a Pablo Iglesias. La presión indirecta surtió efecto. Sánchez colmó de piropos al portavoz peneuvista en la sesión de control del miércoles y, al día siguiente, Esteban salió a la palestra para confirmar que el Gobierno había aceptado el paquete de enmiendas, incluida la de la supresión del impuesto al diesel, que su grupo parlamentario había presentado a los Presupuestos. De esa forma, el presidente del Gobierno mandaba un mensaje de tranquilidad a los que exigían de él un gesto de moderación en sus alianzas. Ahora, la batalla continua con el problema de la inmigración en Canarias.
Podemos se rebela frente a la exigencia europea de impedir el traslado a la península de los inmigrantes marroquíes y amenaza con otra zapatista. ¿Se romperán las costuras de la coalición? Pincho de tortilla y caña a que no. El poder lo suelda todo.D
