Acuerdos que no bastan
0
El Gobierno no tiene razón si plantea un escenario en el que se habría superado la crisis económica y empresarial vinculadas a la pandemia, hasta el punto de situarnos en las cifras preCovid. Eso no ha pasado ni va a pasar. Pero lo que sí es cierto y real es que ya estamos en la nueva realidad, esto es lo que hay. Las empresas tendrán que asumir que tenemos lo que tenemos, mayor o menor pero desde luego peor que antes de marzo de 2020. Y toca actuar en consecuencia, ajustarse al mercado y desconectarse de las ayudas públicas que paralicen la reacción necesaria para acomodarse a la nueva realidad.
La pandemia no ha concluido pese a la sobreactuada euforia de un presidente del Gobierno obcecado en presentar planes económicos etéreos, prospecciones de futuro hasta 2050, y mucha palabrería hueca basada en el ecologismo. Sánchez no puede crear una realidad virtual y diferente a la que aún sufren muchos miles de trabajadores porque solo aumenta su desesperanza. No hay ningún final de la crisis y, por tanto, el diagnóstico que hace el Gobierno es erróneo. La excepcionalidad de los ERTE seguirá hasta el 30 de septiembre. Y bien está que sea así. Pero perpetuar este escenario dopando a la economía o sosteniéndola con respiración asistida es imposible. Sánchez necesita más baños de realidad y menos propaganda obsesiva. El escenario económico de España es dramático -aunque ayer la OCDE nos dio un respiro pronosticando que la recuperación se está acelerando-, y falta una evaluación consciente, sincera y realista de lo que está por venir porque en algún momento España tendrá que jugar sin red para recuperarse. Si Sánchez insiste en partir de hipótesis falsas, fracasaremos todos. El mundo económico empieza a perder la paciencia y la confianza en un presidente cuyo discurso se basa en falsedades y en agravios. El mensaje que se envía a Europa también es negativo. Si una parte del Gobierno se empeña en derogar la reforma laboral y otra es consciente de que eso es inviable, lo único que deben hacer es aclararse, olvidar su tacticismo y asumir los mismos sacrificios que afrontan los españoles.
