¿Adiós a la inmunidad de grupo?
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La variante Ómicron, mucho más transmisible pero menos virulenta, ha roto todos los esquemas, incluso ha puesto en cuestión la idea de vacunar continuamente con dosis de recuerdo, cuando es obvio que la protección por los anticuerpos decae mucho frente a ella. La llamada de los expertos inmunólogos a examinar el otro brazo de la inmunidad que nos protege, la inmunidad celular, resulta muy razonable; en los linfocitos T de la memoria inmunitaria está la clave de una mejor protección vacunal frente a las variantes.
En esta situación, no está claro que podamos pasar pronto de epidemia Covid a endemia Covid (se pretende implantar el neologismo «gripalizar»), ni mucho menos que nuestras medidas de salud pública se deban centrar en fomentar esta opción. El escenario evolutivo, como pone de manifiesto la revista 'Nature', no está ni mucho menos determinado. Es posible la aparición de nuevas variantes, que podrían ser más virulentas, está condicionada primero por la evolución del virus que prosigue (no olvidar que también circula en algunos animales como el visón) con grandes oportunidades de nuevos cambios por mutación y recombinación. Además, el estado inmunitario de la población mundial puede propiciar la selección de esos virus variantes nuevos, como ocurrió con los anteriores. Actualizar ya las vacunas resulta imperativo, carece de sentido vacunar una y otra vez frente al virus de Wuhan que tanto ha cambiado. Evitar la extensión indiscriminada del contagio sigue siendo igualmente necesario.
