Que se lo explique la ministra
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Sentado lo antedicho, tiene uno la impresión de que en los zurriagazos que se le vienen atizando con motivo de unas declaraciones sobre la carne y las ganaderías españolas hay mucho oportunismo y alguna que otra falsedad. Los partidos políticos son muy dados a elevar lo anecdótico a categórico y, si viene al caso, a mentir por toda la barba. Garzón es un señorito urbanita que nunca ha visto una gallina a lo vivo y que confunde el sector primario con el parque del Retiro. Pero no le falta razón cuando se queja de esa bestialidad que son las macrogranjas de diez mil cabezas, estabuladas en cuadrículas y sometidas a dietas de brutalidad implacable, causantes, además, de irreparables daños medioambientales.
Galicia es un país con un millón de vacas, dijo Manolo Rivas, pero aquí no se conocen otras explotaciones ganaderas que nos sean las familiares, las de economía de subsistencia y las de las pequeñas cooperativas. La vaca forma parte del paisaje y está incorporada a la vida de los gallegos como un elemento familiar. Si Garzón se opone a los abusos del beneficio inmediato aplicado a la ganadería, no queda más remedio que estar con él. Pero en Galicia eso ni existe ni existió jamás, ni siquiera cuando aquellas trescientas vacas de Augusto Assía en la casa grande de Xanceda, que ya era entonces, hace cuarenta años, una granja ecológica.
El ministro Garzón no conoce Galicia, ni el campo, ni las vacas. Todavía no se enteró de que nuestra ACRUGA (Asociación de Criadores de Ganado Vacuno Selecto de Raza Rubia Gallega) lleva años colaborando con el ministerio de Medio Ambiente, ahora ministerio para la Transición Ecológica. Que se lo explique Teresa Ribera, que se sienta a su lado en el Consejo de Ministros.
