A la nueva ley estrella de Montero le pasa como a las anteriores: que lo que menos le importa es la mujer. Todo para la mujer, pero sin abandonadola mujer. Ese despotismo, más que ilustrado abocetado, de brocha gorda. Una cría –porque a los dieciséis años y a los diecisiete no se es otra cosa– yendo a hurtadillas, como un criminal, a abortar. Para eso ha quedado la mujer. De tapadillo y con el miedo a cuestas, pero sobre todo sola. Porque para ser una ley muy moderna tiene reminiscencias de algo muy antiguo. Londres, pero sin vuelo y por la pública. Desde cuándo reflexionar es peyorativo como para eliminarlo de cualquier ley. Reflexionar debe de ser ya sólo asunto...
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