No se estilan mucho los marianos en la vida pública de los últimos tiempos. Ni los calzoncillos largos ni el nombre de pila, porque hora nos movemos entre Enzo, Izan y cositas así. Ahí tenemos a Larra, cumbre de la letras románticas hasta después de muerto, al maestro del periodismo y soberbio cronista taurino Mariano de Cavia, al tenor irunés Luis Mariano, fluctuando entre el amor sumiso a la madre y el amor imposible con Carmen Sevilla. Luego ya llegaron Mariano Rubio, con el estigma del caso Ibercorp en el ocaso del felipismo, y por supuesto Mariano Rajoy, una pesadilla longilínea para la derecha española entre la inacción, la flema y la cobardía. Porque lo prioritario era la economía mientras...
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