Nada en común tienen 'Decision to Leave' , un inspirado thriller del coreano Park Chan-wook, 'EO' , la fábula animalista y europeísta del polaco Jerzy Skolimovski, y 'Los pasajeros de la noche' , una viaje intimista a una familia parisina en los años 80 a cargo del francés Mikhaël Hers, más allá de ofrecer tres reflejos diversos y complementarios del mejor cine de autor contemporáneo. Los tres films ha tenido hoy su puesta de largo en España en la segunda jornada de la 67 Semana Internacional de Cine de Valladolid, donde todos ellos han sido acogidos con aplausos, aunque algunos espectadores abandonaron antes del final la apuesta radical lanzada por el veterano polaco. En 'Decision to Leave', Park Chan-wook despliega toda su maestría narrativa en torno a un género que maneja a la perfección, el thriller, para narrar el intrincado puzle de obsesiones en el que se ven envueltos un joven y prometedor inspector de policía y una mujer que irrumpe en su vida como la principal sospechosa del asesinato de su marido. Con constantes briznas de humor que humanizan a sus personajes, una cuidada composición de cada plano y dos actores en estado de gracia (Wei Tang, recordada por los semanistas en 'Deseo, peligro', y Park Hae-il, a quien pudimos ver en 'Memories of Murder'), Chan-Wook va desplegando ante el espectador sus trucos de prestidigitador audiovisual para atraparle en la misma telaraña de la que es incapaz de escapar su protagonista masculino, que padece de insomnio y que guarda no pocos paralelismos con Scottie, el inolvidable policía obsesionado con Madeleine en 'Vértigo', de Hitchcock , que probablemente sea la referencia más directa de este film. Como un virtuoso ejercicio de estilo, la trama avanza con una cadencia única y ajena al frenético ritmo habitual en el género, mientras la relación entre los dos personajes centrales se intensifica conforme avanza la investigación. La película, según explicó el cineasta en su estreno en Cannes (donde se alzó con el galardón al mejor director), surgió a partir de una antigua canción llamada 'La niebla', que maravilló al cineasta y que confluyó con su pasión por el inspector Martin Beck, un detective caballeroso, tranquilo, elegante y educado, que protagoniza la saga de novela negra escrita por los suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö. 'Decision to Leave' explora el intrincado mundo de la dependencia emociona l, cómo se pueden crear y destruir esos lazos, y cómo llegan a transformar a quienes lo experimentan. Lejos de lo explícito o epatante de otras películas suyas, como 'La doncella' o la citada 'Old Boy', en esta ocasión Park Chan-wook se sumerge en una narrativa que combina clasicismo y modernidad en perfecto equilibrio, para hablar de un tema tan delicado como la pérdida. «De nosotros quedará lo que fuimos para otros». Con esa frase, que resuena en 'Los pasajeros de la noche', se condensa el espíritu del cuarto largometraje de Mikhaël Hers , que viaja al efervescente París de los años 80 para narrar la vida de una familia como otras tantas, encabezada por Élisabeth (Charlotte Gainsbourg), una mujer que se ve obligada a reconducir su existencia cuando su marido abandona el hogar para irse con otra mujer. 'Los pasajeros de la noche' es una película de ausencias y de reencuentros , que muestra con un tono íntimo y luminoso el constante proceso de evolución que se vive en cualquier familia. La marcha del cabeza de familia empuja a la protagonista a repensar su vida y buscar, por primera vez desde que nacieron sus hijos, un trabajo, mientras lidia con los problemas cotidianos de sus hijos adolescentes: la madura Judith, con inquietudes políticas en vísperas de las elecciones presidenciales de 1981, y el inmaduro Matthias, un mal estudiante que deambula sin saber muy bien hacia dónde encaminar su vida. Élisabeth encontrará un rumbo hacia el que dirigirse gracias a 'Los pasajeros de la noche', un programa nocturno de radio que conduce con mano de hierro Vanda Dorval (Emmanuelle Béart). Allí, como recepcionista, conocerá a otra joven desnortada, de nombre Talulah (Noée Abita, protagonista de 'Genèse', Espiga de Oro en 2018), a quien brindará un techo donde refugiarse tras conocer su desventurada vida. Es la introducción de ese elemento externo el desencadenante de una reacción en el resto de miembros. «Llega de forma repentina y cambia el equilibrio familiar. Me interesaba la mirada que ella aportaba, una persona que nunca había tenido esa sensación de pertenencia a un hogar. Además su personaje me ayudaba a mostrar cómo se pueden hacer cosas de forma desinteresada, sin esperar nada a cambio», ha subrayado en Valladolid el director, en declaraciones recogida por Ical, en las que también ha explicado que ese personaje es su particular homenaje a la actriz Pascale Ogier, protagonista de 'Las noches de la luna llena', de Rohmer, que falleció en 1984 con solo 25 años. Por último, a sus 84 años, el cineasta y dramaturgo polaco Jerzy Skolimovski ha presentado la que probablemente será la película más radical de la Sección Oficial en la Seminci este año. Con 'EO', empuja al espectador a una frenética 'road movie' por la vieja Europa , un continente devastado moralmente al que sitúa frente a un incómodo espejo a través de los ojos de un inocente burro que observa perplejo todo tipo de barbaridades como si de un ser de otro planeta se tratara. Han pasado 56 años desde su anterior participación en Valladolid, cuando se alzó con el Premio Especial de la Seminci gracias a 'La barrera' en 1966, casualmente el año en que Robert Bresson entregaba al mundo una película tan decisiva en la historia del cine como 'Al azar, Baltasar'. Ahora Skolimovski recoge el testigo bressoniano para actualizar su fábula moral, y traerla a una Europa contemporánea desquiciada, donde la ausencia de humanismo, empatía y racionalidad son consignas ineludibles en la sociedad. Ni siquiera el lenguaje cumple su función básica de herramienta de comunicación en el film, donde solo el ruido y la incomunicación resuenan con fuerza. Con una b anda sonora y de sonido que desbordan en todo momento las imágenes (Pawel Mykietyn se alzó en Cannes con el galardón al mejor compositor por este trabajo), y utilizando un sinfín de filtros ópticos y de lentes deformantes que impregnan visualmente el film de tintes oníricos y surrealistas, el cineasta teje un mosaico atmosférico y audiovisual envolvente, del que resulta imposible escapar, y donde el lenguaje olvida su función primordial de comunicación para convertirse en mero ruido que solo propicia más caos. Noticia Relacionada estandar Si Treinta años de 'Jamón, jamón', cuando fuimos modernos José F. Peláez La muestra de cine de Valladolid comienza hoy con una exposición de la obra de Bigas Luna en un homenaje a la libertad artística quizá hoy perdida