Crítica de 'Sparta': Viaje y angustias de un pedófilo
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De lo que trata ‘Sparta’ es motivo para el recelo: su personaje central es un pedófilo, un hombre en la cuarentena que va abandonando lugares y relaciones según avanza en su obsesión, y que la historia lo lleva en su último traslado a una especie de escuela en un pueblo rumano que convierte en un centro de actividades deportivas para los jóvenes de la zona. Antes, Ulrich lo presenta junto a su padre moribundo y demente (con un pasado nazi) y con una relación tormentosa de pareja. A los ojos de la cámara de Ulrich, el personaje no es ni malvado ni violento, y muestra más educación que agresividad, lo cual, en cierto modo, ha de tomarse como algo reprochable a efectos de imagen, pues lo humaniza y cambia, en cierto modo, la ferocidad, la dominación y la vesanía hacia otros comportamientos, como el de algunos padres ante la sospecha de abusos a sus hijos.
Valoración de ABCPlay
Oti Rodríguez Marchante
Aunque cueste creerlo, Ulrich tiene enorme contención y hasta dosis de sutileza para contar la historia, para no ocultar ni su insana atracción por los niños ni las armas sin afilar que utiliza para atraerlos a su círculo y actividades (blancas turbias, de contacto gimnástico, sudor y ducha), pero establece con finura la posible diferencia entre la pedofilia y la pederastia, entre la atracción y el abuso, algo que deja en el aire sobre su siniestro personaje quizá también con poco escrúpulo ético. Es muy probable que, en el fondo, lo que cuenta la película de este hombre es el ensayo y prolegómenos de un depredador todavía oculto entre el pecado y la penitencia. En cualquier caso, a Ulrich le ha quedado una pieza inteligente, potente, oscura y bien hecha.
