Las elecciones contemporáneas tienen dos resultados: el de verdad, o sea, el de las urnas, y el de las sensaciones subjetivas que ese veredicto deja en la opinión pública. El primero decide la identidad del próximo presidente en virtud del juego de mayorías y minorías; el segundo no decide nada pero produce relevantes percepciones anímicas que tienen que ver con el manejo anticipado de las expectativas y que, aunque secundarias, influyen en la ciudadanía a la hora de establecer conclusiones políticas. Así, por ejemplo, el PP y sus votantes saldrán decepcionados si el escrutinio de mañana no confirma los pronósticos de una victoria amplia , incluso consiguiendo el objetivo esencial de sacar a Sánchez de la Moncloa en un camión...
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