Me las prometía muy felices brindando con este artículo por el vino aparecido en el ajuar funerario de una tumba de la vieja Carmo. Habría volcado parte de su aroma historicista de más de dos mil años sobre una copa de cristal persa labrada y no me habría importado ni un decimal coger una papa tan grandiosa como los soles que empaparon de néctar sus pámpanos divinos. Hablar con Baco, en una época como la nuestra, donde solo se habla de fango, sacos de mierda y escarabajos peloteros amasando virutas de estiércol judicial, además de aburrido es perturbador. Y si es el signo de los tiempos estar perturbado, yo prefiero estarlo por ingesta de un vino sagrado, casi eterno, que...
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