Cinco juegos olvidados de Dragon Ball que merece la pena recordar y reivindicar
Actualmente existe más de un centenar de videojuegos de Dragon Ball, una muestra irrefutable de lo ligada que siempre ha estado la obra de Akira Toriyama al mundo del ocio interactivo. Sin embargo, cuando echamos la vista atrás, solemos tender a acordarnos de los títulos que han sido más populares por algún motivo, como los excelentes Super Butoden, el nefasto Final Bout, incunables como Budokai 3 y Budokai Tenkaichi 3 o clásicos modernos como FighterZ, Xenoverse 2 y Kakarot.
Sin embargo, hoy queremos recordar cinco títulos que, a pesar de no ser tan populares o conocidos como los que hemos mencionado, merece la pena reivindicar, ya que derrochaban calidad y nos ofrecían algo distinto a lo que solemos ver con estas adaptaciones.
Empezamos por
Entre sus virtudes destaca la posibilidad de combatir por equipos de 3 contra 3, un plantel extensísimo de luchadores para la época, un sistema de combate simple pero muy estratégico que nos permitía volar a toda velocidad y realizar combos para rellenar el medidor que necesitábamos para lanzar nuestros ataques especiales y un jugoso modo historia que abarcaba la práctica totalidad de Dragon Ball Z, desde la llegada de Raditz hasta la derrota de Bu. ¿Lo mejor? Que si durante la historia intentábamos recrear lo que ocurría en el manga en vez de ganar usando la fuerza bruta, activaríamos eventos especiales que nos permitían desbloquear nuevos personajes y aumentar el nivel de fidelidad con la obra original.
Es un juego un tanto extraño que, al principio, cuesta entender, y los años se le notan en más de un sentido, pero antes de que los Budokai Tenkaichi llegasen para cambiarlo todo, esta fue la mejor opción que tuvimos durante mucho tiempo para recrear nuestras peleas favoritas de un manga que sigue emocionándonos como la primera vez.
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En él, seguíamos la historia de la serie con una fidelidad extrema, desde la derrota de Raditz hasta el final de Z, librando la práctica totalidad de peleas que tenían lugar en el manga. En esencia, todo el juego consistía en eso mismo: en librar estas batallas, obtener cartas, desbloquear personajes y diseñar mazos con los que arrasar a nuestros enemigos, ya que los pocos mapas por los que nos podíamos mover eran muy limitados y apenas dejaban explorar.
Lo que sorprende de él es que, a pesar de lo difícil que puede ser entender su propuesta jugable durante las primeras horas, acaba por destaparse como un juego profundísimo y con unas mecánicas muy bien diseñadas que acaban plasmando con bastante acierto las peleas del manga, obligándonos a planificar nuestras estrategias con mucho cuidado mientras cargamos Ki, lanzamos poderosas técnicas con diversos efectos, ponemos en práctica maniobras defensivas y nos recolocamos en el campo de batalla.
Sumadle que las peleas eran largas y muy desafiantes, que había montones de personajes desbloqueables y que a pesar de las limitaciones técnicas de la portátil se las apañaba para regalarnos unos bonitos sprites, y tendréis un juego de Dragon Ball que merece mucho la pena y que no tanta gente conoce.
Estamos seguros que muchos de vosotros coincidiréis con nosotros en que la primera etapa de Dragon Ball, cuando Goku era niño y vivía aventuras por el mundo y participaba en las diferentes ediciones del Torneo Mundial de las Artes Marciales, fue una de las mejores de toda la obra de Akira Toriyama. Por ello, nos apena tanto que siempre se apueste tan poco por hacer más juegos ambientados en estos maravillosos arcos argumentales.
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Aunque las transformaciones estaban un tanto limitadas para darles un valor estratégico más alto y su plantel de luchadores era bastante escaso en comparación a sus contemporáneos, pudo presumir de ofrecernos un juego de lucha mucho más puro, complejo y profundo que hacía palidecer a la simpleza de la que hacían gala las adaptaciones de Dragon Ball de aquel entonces. Probablemente, esta mayor complejidad, su escasez de contenidos (a nivel de modos apenas tenía casi nada que ofrecer) y el hecho de que visualmente no resultase demasiado espectacular, acabaron por hacer que fuese un título que pasara en su momento un tanto desapercibido, pero si te apetece probar un buen juego de lucha 3D de Dragon Ball y con mucha sustancia a los mandos, este es un título que tienes que probar.
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Entre sus puntos fuertes, además del género tan particular que aborda, destacan sus espectaculares sprites y las animaciones de los mismos durante las batallas, un sistema de combate bastante completo y divertido con acciones interactivas y la fidelidad con la que recrea los momentos más importantes del manga, aunque, desgraciadamente, únicamente cubría desde la 23ª edición del Torneo Mundial de las Artes Marciales (cuando Goku se enfrentó a Piccolo) hasta la derrota de Nappa y Vegeta, lo que hizo que se quedase en un juego cortísimo que abarcaba mucho menos del mínimo exigible para un juego de Dragon Ball lanzado en 2009. Si bien el propio título nos vaticinaba una secuela que nos iba a llevar a revivir la saga de Namek, esta acabó por cancelarse.
A pesar de ello, no hay demasiados RPG de Dragon Ball que apuesten por una jugabilidad clásica sin necesidad de hacer extraños experimentos y menos todavía que hayan llegado a Occidente, por lo que se trata de una pequeña rareza única en su especie que merece la pena recordar y reivindicar.
