Empieza el segundo año, y el desafío ahora es consolidar la estabilidad y empezar a crecer
Hay dos ciclos que se abren el año próximo, y una de las preguntas que se hacen empresas e inversores es de qué manera empalmarán con el primer año de gestión de Javier Milei, que llega a su término con la sensación de prueba superada.
El ciclo más evidente es el político. Es el frente que más le cuesta gestionar al Gobierno, porque el éxito que consigue en el mundo de las redes con la batalla cultural, no se traslada de igual manera al terreno de las alianzas.
Queda un año entero hasta que se complete el proceso de renovación legislativa y tome forma el Congreso que acompañará al Presidente en la segunda mitad de su mandato. Hasta entonces, tendrá que seguir sorteando internas, roces y discusiones de todo tenor. Puede prorrogar el Presupuesto por decreto, pero no puede extender esa fórmula a otros frentes. La Corte Suprema va a quedar renga y hará falta sumar nuevos integrantes para evitar que su funcionamiento quede paralizado. Reforma política, juicio en ausencia, ficha limpia, fin a la reelección eterna en los gremios, son piezas de una agenda que pueden ser usadas como chicana de una pulseada con la oposición. Pero son normas que necesitan ser aprobadas y aplicadas para que no queden solo en discurso. La sociedad valora la baja de la inflación y la tranquilidad cambiaria, pero una vez que se alcance un piso estable, las demandas pasarán por otro lado.
Hoy el Gobierno debe enfrentar la encrucijada del caso Kueider. Entra en juego el control del Senado y todas las derivaciones que aún permanecen en las sombras. Su aparición refuerza la idea de que la gestión política hoy está más rodeada de incertidumbre que la económica.
El segundo ciclo estará dominado por la escasez de pesos, combinada con la reversión del flujo de dólares que traerán Vaca Muerta y una campaña agrícola favorable. Con Donald Trump en la Casa Blanca, crece la expectativa de un acuerdo más generoso con el FMI. Y aunque es difícil predecir fechas, tanto Milei como Luis Caputo tienen la certeza de que el cepo se va en 2025 (la fecha apuntada es el segundo trimestre). El debate sobre el nivel de reservas dejará de ser tema.
Como se ve, los logros del primer año ya son claros. Nadie esperaba resultados de esta magnitud en diciembre pasado (que la inflación pase de 25% a 2,7% o que el gasto primario baje 30% real en 11 meses, por citar algunas). Lo imprescindible ahora es sostenerlos, para que la recuperación de 2025 no repita el serrucho de este año. Hacen falta más leyes para bajar impuestos y costos internos. El desafío de Milei es conseguir que la política converja con la economía.