A Julián Romero, con más de treinta años de experiencia combatiendo en la infantería española, le encomendaron en febrero de 1574 auxiliar el lejano puerto de Middelburg, amenazado por los rebeldes que habían desafiado la autoridad de Felipe II . El maestre de campo de los tercios condujo una flota de 62 naves hacia una estrepitosa derrota frente a una escuadra mayor en número y calidad. Tras resistir el ataque de cuatro rivales a la vez, el conquense huyó hasta la orilla para reconocer su derrota al gobernador: «Vuestra excelencia bien sabía que yo no era marinero, sino infante; no me entregue más armadas, porque si ciento me diese, es de temer que las pierda todas». Una cosa era la...
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