Cuando el recién elegido Papa León XIV , el cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, apareció por primera vez al mundo el pasado jueves en el balcón central de la Logia Central de la Basílica de San Pedro en el El Vaticano, sobre su pecho colgaba una cruz de oro familiar para aquellos que tuvieron el honor de conocerle como cardenal que, curiosa y sorpresivamente, alberga hasta cinco diminutas reliquias: huesos de San Agustín, obispo de Hipona (centro); de su madre, Santa Mónica (parte superior); del único obispo que no juró fidelidad a Napoleón en el siglo XVIII, Giuseppe Bartolomeo Menochio (base); y de dos españoles, Santo Tomás de Villanueva, obispo de Valencia durante los siglos XV y XVI (brazo izquierdo),...
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