Descubren por qué estas tres enfermedades mentales afectan más a los hombres que a las mujeres
La ciencia ha avanzado mucho, pero en algunos campos está
algo más verde que en otros. Pero, aunque no comprendamos lo suficiente una
cuestión, lo que sí podemos hacer es, medirla. Así empezamos a sistematizar
la ciencia y, si bien hay mucho que ignoramos sobre salud mental, la
epidemiología ha hecho su trabajo. Conocemos con bastante detalle la distribución de las distintas enfermedades mentales a través de hombres y
mujeres, de estratos socioeconómicos, de etnias y de países. Entre tantos porcentajes, algunos piden a gritos una explicación y uno de ellos es la alta
frecuencia de algunas enfermedades en hombres frente a mujeres. Y, al fin,
puede que estemos tras la pista para aclarar el misterio.
¿Por qué hay cuatro
hombres por cada mujer con síndrome de Tourette? ¿A qué se debe que haya casi
el doble de niños que de niñas entre los pacientes con TDAH? Incluso, según
algunos estudios, la esquizofrenia está ligeramente más presente en hombres que
en mujeres. Pues bien, aunque estas cuestiones se deben siempre a una
constelación de causas diferentes, un grupo de investigadores parece haber dado
con una que desconocíamos hasta ahora. Aparte del contexto cultural, los
roles de género impuestos por la sociedad y algunos aspectos genético, una
molécula inesperada parece estar regulando mecanismos patológicos clave en estas enfermedades. Una molécula cuyas consecuencias parecen diferentes entre
hombres y mujeres: la histamina.
Más allá de la alergia
Es posible que la histamina te suene, sobre todo si tienes
alguna alergia. Sin embargo, conviene empezar esta explicación desde un poco
antes, a un nivel bioquímico. Nuestro cuerpo produce histamina constantemente,
incluso cuando no estamos rodeados de polen o pelos de gato. De hecho, la
encontramos en casi todas las células, pero sobre todo en los mastocitos y
basófilos, que son células del sistema inmunitario. Allí, actúa como una primera
línea de defensa ante invasores. Al detectar un agente peligroso, la
histamina se libera para dilatar vasos sanguíneos, aumentar la permeabilidad
capilar y reclutar más defensas al lugar de la “invasión”. En condiciones
normales, cuando la alerta ha sido disparada por una bacteria o un virus, la
reacción es beneficiosa y la inflamación consecuente la consideramos como un
mal menor.
Sin embargo, cuando el sistema inmunitario se equivoca y reconoce
como peligroso un inane grano de polen, la inflamación ya no es la contraparte
negativa de un beneficio, es simple y llanamente un daño. Así es como la
histamina provoca el picor, enrojecimiento e inflamación de las reacciones alérgicas
y, por eso, se administran antihistamínicos para abordar el problema. En
cualquier caso, rara vez encontramos una molécula cuyos efectos sobre el cuerpo
humano sean tan sencillos como hemos expuesto en el párrafo anterior. Por lo
general, no solo tienen consecuencias en diferentes órganos, sino que pueden
desencadenar reacciones casi opuestas en función de las condiciones que rodeen
a la molécula. Ese sería el caso de la histamina en algunas enfermedades
mentales según el estudio que acaba de ser publicado en Journal of
Neuroscience.
Ratones y humanos
En el cerebro la histamina funciona como neurotransmisor,
modulando la vigilia, la regulación del apetito, la memoria y otras funciones. Lo
hace enlazándose a cuatro tipos de receptores (H1, H2, H3 y H4), cada uno con
sus propios efectos entre los cuales, se encuentra regular la liberación de
otros neurotransmisores, como la dopamina. Y aquí está la clave para
entender las diferencias sexuales de estas patologías mentales. En ellas, la
dopamina juega un factor clave y sabemos que parte de su clínica se debe a que está
alterada. Pues bien, al analizar cómo se comportaban en conjunto la
histamina y la dopamina en ratones, los investigadores descubrieron que esta
interacción dependía en gran medida del sexo del animal. En hembras, la
histamina aumentaba la cantidad de dopamina mientras que, en los machos, hacía
lo contrario.
Esta molécula, por lo tanto, podría ser clave para explicar la
distinta prevalencia de algunas enfermedades mentales entre hombres y mujeres. Y,
aunque no podemos reducir su complejidad a los efectos reguladores de la histamina
sobre la dopamina, es un mecanismo interesante que vale la pena seguir
investigando. De hecho, cabe la posibilidad de que abra nuevas opciones de
tratamiento para estos pacientes.
QUE NO TE LA CUELEN:
- Cuando hablamos de salud mental hemos de tener muy claro que existe todo un mundo entre el laboratorio y los pacientes. Las investigaciones más académicas abren caminos que, si prosperan, mucho tiempo después pueden llegar hasta los hospitales y mejorar la vida de los pacientes. Sin embargo, el camino es largo y tortuoso. Hacerse eco de los últimos descubrimientos es tan necesario como emocionante, pero requiere como guarnición una compleja gestión de las expectativas.
REFERENCIAS (MLA):
- Van Zandt, Meghan, and Christopher Pittenger. “Sex Differences in Histamine Regulation of Striatal Dopamine.” JNeurosci, 12 May 2025, https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.2182-24.2025.
