Добавить новость
ru24.net
World News
Май
2025

Ni burros ni vacas: una invitación a repensar el uso de animales en el lenguaje popular

0

Decimos “matar dos pájaros de un tiro” cuando queremos ser eficientes. Soltamos un “más cargado que una mula” para aludir al exceso de carga. Llamamos “zorra” a una mujer con conducta sexual libre y “cabeza de pescado” a alguien que consideramos torpe. Incluso utilizamos la palabra “perra” para insultar o humillar. Todas estas expresiones —tan comunes como normalizadas— comparten un patrón: usan a los animales como metáforas degradantes, recursos para insultar, minimizar o ridiculizar a otras personas.

Y no es casual. Este lenguaje popular, en apariencia inofensivo, es en realidad un espejo del especismo: una forma de discriminación que sitúa al ser humano por sobre las demás especies como medida de valor, moralidad e inteligencia. El especismo, como el racismo o el sexismo, también se manifiesta en cómo hablamos.

Las palabras importan. Y mucho.

Los derechos animales, aunque aún en desarrollo en muchos países, buscan precisamente romper con la visión utilitaria de los animales. Ya no hablamos sólo de “seres vivos” sino de “seres sintientes”, cuya capacidad de sufrir y gozar los hace merecedores de respeto y protección. Sin embargo, este cambio legal y ético tropieza cada día con un lenguaje que sigue reproduciendo la violencia simbólica hacia ellos.

Cuando decimos “gorda como vaca”, no solo hacemos body shaming; también invisibilizamos el sufrimiento de miles de vacas en sistemas industriales, reducidas a cuerpos útiles, a peso, a leche. Cuando decimos “hijo de perra”, nos valemos del desprecio hacia una especie domesticada y profundamente fiel para insultar a una persona. Cuando decimos “darle con el palo al gato”, perpetuamos una imagen de violencia hacia un animal que, por cierto, ha sido históricamente víctima de maltrato en entornos urbanos.

Y la lista sigue: “más lento que una tortuga”, “ser un burro”, “comer como cerdo”, “loca como una cabra”, “tener pájaros en la cabeza”. El lenguaje popular está plagado de estas expresiones que nos revelan una cosa incómoda: seguimos viendo a los animales como algo por debajo de nosotros. Como símbolos de lo que no queremos ser.
Pero ¿y si empezamos a mirar el mundo con otros ojos? ¿Y si dejamos de utilizar a otros seres vivos como insultos o caricaturas? El cambio comienza en las palabras. Porque lo que no se nombra no existe, y lo que se nombra con desprecio se sigue despreciando.

No se trata de censura, sino de conciencia. Así como hoy evitamos —y corregimos— expresiones sexistas, racistas o clasistas, también es momento de cuestionar el lenguaje especista. No solo por respeto a los animales, sino porque hacerlo nos humaniza. Nos obliga a repensar nuestro lugar en el mundo, a construir un lenguaje más justo, más amable, más verdadero.

Cambiar nuestras palabras puede parecer un acto pequeño. Pero cada palabra es una piedra en la construcción del futuro. Un futuro donde los animales no sean sinónimo de insulto, sino sujetos de compasión, dignidad y reconocimiento.

 

Por Nicolle Knüst, periodista voluntaria Fundación Justicia Interespecie




Moscow.media
Частные объявления сегодня





Rss.plus
















Музыкальные новости




























Спорт в России и мире

Новости спорта


Новости тенниса