La Pájara, el Petardo, el Tocacojones, el Tronco, el Torpe... La chispeante y rica jerga del sanchismo gobernante para referirse a los suyos (no me imagino cómo se referirán en sigilo a quienes están al otro lado del Muro), recordaría al grupo que formaban el Chuli, el Cabra, el Pai y Carmina Ordóñez, si no fuera porque revela la ausencia del más mínimo resquicio de escrúpulo político y alumbra un registro lingüístico más propio de la Camorra napolitana que de la segunda magistratura del Estado. Encaja, no obstante, con el espíritu y la secuencia argumental de la «máquina del fango», la «fachosfera», los «pseudomedios lanzabulos», los «jueces que prevarican», la «política de casquería» (última entrada en el Diccionario de Enemigos...
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