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Май
2025

Operación Colombo: 50 años del brutal montaje comunicacional de la DINA para ocultar crímenes de la dictadura

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En el invierno de 1975, mientras cientos de familias buscaban desesperados a sus familiares secuestros por agentes del Estado, los kioscos adornaban sus fachadas con los diarios y las principales noticias de la época. Las portadas de los periódicos titulaban: “El MIR asesina a 60 de sus hombres en el exterior” en La Tercera, “Identificados 60 miristas ejecutados por sus propios camaradas” en El Mercurio, “Sangrienta pugna del MIR en el exterior” en Las Últimas Noticias y, como broche de oro a la deshumanización, el escalofriante “Exterminados como ratones” en La Segunda. La guerra psicológica del régimen militar alcanzaba su clímax.

Casi un año antes, la tarde del 5 de agosto de 1974, en una casa ubicada en Ejército 346, en el centro de Santiago, la familia Jorquera Encina esperaba a Mauricio, quien ese día cumplía 19 años y pretendían festejarlo. “Él quedó de llegar. Lo estábamos esperando con una torta para celebrar su cumpleaños. Pero pasaron las horas y él no llegaba. Cerca de las 19:00 horas, alguien llamó por teléfono y sin identificarse nos dijo que Mauricio había sido detenido cerca de la calle Arturo Prat”, contó a Radio y Diario Universidad de Chile, María Eugenia Jorquera.

Mauricio Jorquera había comenzado su militancia en el Frente de Estudiantes Revolucionarios, facción estudiantil del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Al momento de su detención, ya era parte de la estructura centralizada del partido.

Mauricio Jorquera Encina, estudiante de sociología de la Universidad de Chile y militante del MIR. Foto: Archivo digital Londres 38.

María Eugenia contó que la persona que delató a su hermano fue Marcia Merino, más conocida como la “Flaca Alejandra” al interior del MIR, y que tras ser torturada, se convirtió en colaboradora de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía política de Pinochet.

“Quien nos llamó nos contó que fue secuestrado en una camioneta Chevrolet blanca, la que ellos utilizaban, y se supone que también iba en vehículo el ‘Guatón Romo’ (Osvaldo Romo, civil reclutado por la DINA y que se convirtió en uno de los más brutales torturadores), eso es lo que supimos ese día”, detalló la hermano de Mauricio.

Luego comenzó la búsqueda. Luz Encina, madre de Mauricio, fue incluso hasta las puertas de Londres 38 para averiguar si su hijo estaba en ese lugar: “A los cinco días que detuvieron a mi hermano, le dijeron a mi mamá que fuera a Londres 38 porque ahí se estaban llevando a los detenidos. Fue, golpeó la puerta y desde adentro le señalaron que no se preocupara. Que ese lugar no era una casa de tortura ni nada parecido”, recordó María Eugenia.

María Eugenia Jorquera y Luz Encina. Foto: Francisco Paredes.

“Mi madre tenía un amigo que era sacerdote de la parroquia San Lázaro. Le pidió si podía acompañarla y él aceptó. Fueron primero dos veces hasta Londres 38. En la tercera oportunidad, le señalaron al sacerdote que si seguía insistiendo que en ese lugar se estaba torturando, iba a ser detenido. Él ya no pudo seguir ayudando a mi mamá en la búsqueda”, complementó.

La dictadura militar no entregó ninguna información de Mauricio Jorquera hasta la publicación de la lista de los 119.

La Operación Colombo

En 1975 la dictadura estaba siendo presionada por organismos internacionales de derechos humanos y las Naciones Unidas ante las cientos de denuncias en contra del régimen militar por los secuestros, torturas, ejecuciones y desapariciones de opositores políticos que comenzaron el mismo 11 de septiembre de 1973.

La DINA, para intentar desacreditar las denuncias, elaboró un montaje comunicacional que comenzó a gestarse un par de meses antes de que apareciera una lista de los 119 personas que, supuestamente, habían muerto en manos de sus propios compañeros y en enfrentamientos con las fuerzas armadas argentinas.

En abril, en la provincia de Buenos Aires, Argentina, fue encontrado un cuerpo mutilado y que portaba la cédula de identidad de David Silberman, militante del Partido Comunista y que, hasta el Golpe de Estado de 1973, había sido gerente general de Cobre Chuqui.

Silberman fue detenido y condenado por un consejo de guerra a trece años de cárcel por infracción a la Ley de Seguridad del Estado. Se encontraba cumpliendo la pena en la Penitenciaría de Santiago hasta que fue secuestrado el 4 de octubre de 1974 por agentes de la DINA. Desde entonces su paradero es desconocido.

Años más tarde, el exagente de la DINA, Enrique Arancibia Clavel, confesó que la supuesta aparición de Silberman en Buenos Aires había sido un operativo —bautizado Colombo— encargado por Raúl Iturriaga Neumann para hacer aparecer a un “subversivo chileno” en Argentina.

En junio comenzó a prepararse el camino de lo que vendría un mes después. Los medios de comunicación del país publicaron extensas notas en la que aseguraban que los “presuntos desaparecidos” estaban con vida y fuera de Chile. El 12 de junio, La Segunda publicó un artículo en el que aseveraba que un grupo de “extremistas” chilenos recibían instrucción militar en Argentina. Un día después, La Tercera tituló: “Extremistas chilenos se adiestran en Tucumán”, y destacaba que “entre los extremistas hay gran cantidad de elementos del MIR y otros grupos marxistas que públicamente figuran como desaparecidos”. Por su parte, El Mercurio y Las Últimas Noticias informaron el 16 de junio que, supuestamente, militantes del MIR cruzaban la frontera armados hacia Chile. 

El 11 de julio, también en Buenos Aires, aparecieron dos cuerpos calcinados al interior de un vehículo. Los cadáveres portaban las identificaciones de Jaime Robotham y Luis Guendelman, militantes del MIR, detenidos y desaparecidos desde 1974. Sobre los cuerpos inertes había un lienzo que decía: “Dados de baja por el MIR. Brigada Negra”. Ocho días después apareció otro cuerpo, ahora con una supuesta identificación del militante del MIR Juan Carlos Perelman, detenido en Santiago y desaparecido desde el 20 de febrero de 1975.

Juan Carlos Perelman. Imagen: memoriaviva.com

Ninguno de los cuerpos correspondía a las identificaciones que portaban. Incluso, la cédula de identidad de Perelman era falsa. No obstante, las noticias fueron amplificadas por los medios nacionales dándolas como verdaderas.

El camino para el montaje estaba preparado. La DINA, para encubrir el asesinato y desaparición de 100 hombres y 19 mujeres, casi en su totalidad militantes de MIR que en su mayoría no superaban los 30 años y eran parte activa de la resistencia en contra la dictadura, elaboró una lista con 119 personas, que fueron secuestradas entre mayo de 1974 y febrero de 1975

La lista de los 119 fue publicada en dos partes. La primera a través del antiguo diario O’Dia que sólo reapareció el 25 de junio de 1975 para hacer pública una nómina de 59 miristas “muertos en enfrentamientos con fuerzas del gobierno argentino en Salta“. La segunda fue mediante la revista Lea de Buenos Aires, misma que, en su única edición, entregó el 15 de julio una lista de 60 “extremistas chilenos eliminados por sus propios compañeros de lucha“.

Afiche ¿Dónde están los 119?

La información dada a conocer en Brasil y Argentina fue tomada por los cables de la Agencia UPI y amplificada por los medios nacionales. El montaje ya estaba listo.

Dentro de la lista de los 119 estaba el nombre de Mauricio Jorquera Encina y Juan Carlos Perelman. Este último, supuestamente, también había aparecido muerto en Buenos Aires el 19 de julio. La DINA en su afán para encubrir sus  crímenes, hizo aparecer a Perelman en dos locaciones distintas.

No hay lógica en el horror

La periodista y dirigenta del MIR, Gladys Díaz, fue detenida junto a su pareja, Juan Carlos Perelman, el 20 de febrero de 1975. Ambos fueron llevados hasta Villa Grimaldi y torturados salvajemente por la DINA. Ella permaneció largas semanas, incluso meses, en el lugar. Él tan solo ocho días.

En julio de 1975, las mujeres secuestradas por la dictadura fueron llevadas hasta una casa de veraneo ubicada en Pirque que era propiedad de los trabajadores de Soquimich. El motivo del traslado de las detenidas de los centros clandestinos de tortura a este lugar correspondía a una visita que iba a realizar la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas al país. La dictadura quería dar una falsa impresión. 

Fue en ese lugar donde las detenidas conocieron el brutal montaje elaborado por la dictadura.

En diálogo con nuestro medio, Gladys Díaz recordó ese momento: “Curiosamente, en un lugar bello por la naturaleza que lo rodeaba, fue donde lo pasamos peor. Nos tocó estar en el campamento de Pirque el día en que anunciaron por radio la muerte de 119 miristas. Ahí estaban, en ese momento, las hermanas, las esposas, las hijas y las compañeras de quienes aparecían en aquella lista“.

Gladys Díaz. Foto: Mario Hans.

“Fue un golpe emocional, colectivo, muy, muy intenso, donde se desbordó la emocionalidad y la incredulidad. Era la reafirmación absoluta de que estaban muertos. No conocíamos todavía los detalles, pero sabíamos que era un montaje“, recordó Díaz.

“En el último resquicio de la convicción que cada uno de nosotros tenía, pensábamos que podían estar en una isla, que podían haber sido trasladados a Buenos Aires, a otro país, que estarían en algún lugar secreto. En ese momento, se nos fueron todas esas ilusiones, todas esas esperanzas definitivamente. Tuvimos que enfrentar el asesinato de todas esas personas. En ese momento hay muchas cosas que no supimos, como, por ejemplo, ¿por qué eran 119? Ya eran muchos más los desaparecidos. En la lista prácticamente la totalidad eran del MIR”, complementó.

Díaz detalló que después se enteraron que los recursos de amparo que se habían presentado a favor de los desaparecidos se había unificado en uno sola petición: “Como este fue un montaje muy mal hecho, incluso tiene que haber sido planificado y ejecutado por gente muy poco inteligente, usaron el mismo listado de personas que estaban en ese recurso de amparo colectivo“.

Los 119 nombres que aparecen en la nómina que entregó la dictadura en la Operación Colombo eran parte de una solicitud de designación de ministro en visita ante la Corte de Apelaciones de Santiago, realizada en mayo de 1975 en favor de 163 víctimas, por parte de los abogados del Comité de Cooperación para la Paz en Chile.

Los nombres que fueron reproducidos en revista Lea y en O’Dia contenían los mismos errores ortográficos con los que fue ingresada la solicitud ante la Corte de Apelaciones de Santiago, y que se debió a la transcripción de los funcionarios de tribunales al momento de realizar la petición.

Homenaje a los 119, julio 2023. Foto: Francisco Paredes.

A pesar del burdo montaje, hay preguntas que no tienen explicación. ¿Por qué la DINA publicó una lista de 119 si tenía en su poder a muchos más prisioneros? ¿Por qué el número 119? Si tenían secuestradas a seis parejas, ¿por qué tres aparecen juntas en las listas y de las otras tres sólo aparece un integrante de la relación a pesar de que todos están desaparecidos? ¿Había una tercera lista, pero ante la presión decidieron no realizarla?

Gladys Díaz era una de las personalidades más conocidas del MIR y uno de sus cuadros dirigentes. A pesar de que fue una de las prisioneras que más tiempo pasó en Villa Grimaldi, sobrevivió. Otros que solo fueron ayudistas, hoy no están. No hay lógica en el horror.

“No sabemos exactamente por qué unos fueron asesinados y otros, como yo, no. Creo que parte también de la estrategia de aniquilamiento es que no haya una lógica“, señaló la periodista.

Díaz detalló que, en su caso, en la campaña internacional que los periodistas hicieron “postergar, de alguna manera, mi desaparición. El movimiento feminista europeo me tomó como bandera y era poderoso en ese tiempo. Incluso las mujeres se tomaron la Embajada chilena en Alemania exigiendo mi libertad. O sea, hay una serie de elementos que pueden haber retardado mi desaparición y que después las cosas se les complicaron más políticamente. Pero es una explicación que no tiene ningún asidero, sino que es tratar de intentar encontrarle lógica“.

En esa línea, detalló la desaparición de María Julieta Ramírez Gallegos, de 65 años, sin militancia política y que fue detenida y hecha desaparecer el 30 de noviembre de 1974 desde el interior del Campamento de Prisioneros Tres Álamos cuando visitaba a sus hijos, María Antonieta y Oscar Emilio, quienes se encontraban detenidos en ese recinto desde mediados de ese mismo mes, siendo dejados en libertad con posterioridad. 

Con María Julieta, además, fue detenido y hecho desaparecer su yerno, Juan Rodrigo Mac Leod Treuer.

“¿Por qué desaparece esa señora y el yerno de ella? Porque asesinaron personas cercanas a militantes que ni siquiera eran militantes. Es parte de la lógica del terror. Que nadie se sienta seguro, que no se sienta seguro el que prestó una casa, el que alojó una noche a un perseguido o al que pasó un libro para que lo leyera. O sea, cualquier cosa, cualquier cosa que apareciera en tu casa, un signo de que había estado ahí alguien que estaba siendo buscado era suficiente para que tú pasaras a ser también una persona peligrosa. No hubo una lógica real y creo que eso también es parte de la estrategia del terror que ellos quisieron implantar”, aseveró Díaz.

Un Bosque para la memoria

El 31 de octubre de 1974, Jorge D’Orival Briceño, militante del MIR, fue secuestrado desde la casa que compartía junto a su pareja y su hijo de dos meses de edad. A pesar de que un par de días después de su detención sus torturadores lo llevaron a su domicilio y al de su madre, hoy se encuentra desaparecido y su nombre figura en la lista de los 119.

En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, Roberto D’Orival, hermano de Jorge e integrante del Colectivo 119 Memoria y Resistencia, sostuvo que es “paradójico que se cumplen 50 años de uno de los montajes más burdos, más atroces y sin embargo, en Chile, la realidad de los montajes no es pasado, es presente“.

“Es brutal cómo los medios, los periodistas y, principalmente, la televisión, mienten descaradamente y siguen criminalizando a las personas que están luchando por justicia social, por cambios que mejoren las condiciones de vida y, por supuesto, los derechos humanos de la población”, manifestó.

Roberto D’Orival. Foto: Jesús Martínez

Respecto a la importancia de no olvidar lo que sucedió durante el periodo dictatorial, D’Orival puntualizó que “la memoria no se refiere solamente a hechos trágicos, a torturas, a desaparición, a Villa Grimaldi, la memoria también debe ser recordar y tener en alto las experiencias de organización y lucha de los familiares“.

En esa línea, enfatizó la importancia de “recordar a las madres, a las hermanas, a las esposas, a los familiares en general, en cómo se levantaron para echar abajo el montaje de los 119, para organizarse y salir a luchar por la verdad, por la justicia y en contra de la impunidad“.

“Es importante cuando en Chile parece que la derecha y el negacionismo avanza sin ningún contrapeso, cuando desde ninguna institución se pone freno al negacionismo, es importante dejar en evidencia que ha habido organizaciones, familiares, personas que persistentemente han luchado por la vida, han luchado por la verdad, por establecer cómo fue en realidad el secuestro y desaparición de sus seres queridos y también por enfrentar la impunidad que aún rige para todos los perpetradores”, evidenció el integrante del Colectivo 119.

D’Orival resaltó el trabajo por la memoria que se ha realizado desde el Colectivo 119 Memoria y Resistencia, destacando la potente marcha bajo la lluvia realizada el 22 de julio del 2023, cuando se cumplían 50 años  del Golpe de Estado. En la movilización participaron más de 3 mil personas que, acompañadas de las siluetas de los 119, caminaron desde el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos hasta el Museo de Bellas Artes.

Marcha a 50 años del Golpe de Estado.

Sobre qué acciones realizará la agrupación a 50 años del montaje comunicacional, D’Orival dio a conocer que las actividades que se desarrollarán pondrán en relieve y destacarán quiénes eran los 119.

“Queremos reivindicar su proyecto de lucha, de vida, su memoria militante. Queremos destacar quiénes eran cada una y uno de ellos. Queremos ponerlos como un elemento para que las nuevas generaciones, las y los jóvenes puedan ver en realidad a quiénes se hizo desaparecer, a quiénes se persiguió hasta la muerte, a quiénes se pretendió enlodar sus vidas”, afirmó.

Además, reveló que realizarán un bosque por la memoria: “Queremos hacer un gran bosque por la memoria y la resistencia. Queremos plantar árboles nativos, personificándolos en memoria de ellos, pero también uniéndonos al clamor de los pueblos originarios, uniéndonos a la lucha y al trabajo incansable de miles de hombres y mujeres que están defendiendo al medio ambiente frente al avance extractivista”.




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