El Tottenham ganó en San Mamés la final de la Europa League porque el Manchester United no juega a nada, porque
Guglielmo Vicario paró el gol del empate en el minuto 95, porque
Micky van de Ven salvó un tanto sobre la línea y porque el capitán de los ‘spurs’,
Cristian Romero, las sacó todas por arriba y por abajo. El central argentino fue un valladar y lideró su equipo cuando los ‘red devils’, que cada vez tienen menos de diablo, apretaron en el tramo final del partido.
El ‘Cuti’ Romero fue, en el verano de 2021, uno de los motivos de disputa entre
los Messi y el presidente Laporta. Mientras se cerraban los flecos del contrato de renovación por el Barça del mejor de la historia, el jugador hacia notar, a través de su padre, que al equipo le convenía
un defensa como Romero. No era un capricho de
Leo para unir a un compatriota a la causa culé sino que era una necesidad. En la temporada 2020-21,
con Koeman en el banquillo y sin público en las gradas, la defensa del Barça no había estado al nivel. Piqué se perdió 24 partidos por lesión,
Umtiti estaba fuera de circulación y el tándem
Araujo-Lenglet no había sido lo suficientemente fiable para dar estabilidad al equipo.
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