Como decía el castizo Don Hilarión: «los tiempos cambian que es una barbaridad». Lejos quedan ya –afortunadamente– aquellos de la dictadura, auspiciados por la llamada Sección Femenina, en los que la enseñanza de Corte y Confección, más allá de su finalidad práctica, sirvió para potenciar los roles genéricos tradicionales, limitando el papel de la mujer en sociedad a una función secundaria como mero 'ángel del hogar', y reforzando un modelo de feminidad totalmente subordinada al hombre. Aunque más cerca queden los tiempos en los que Sonia Navarro (Puerto Lumbreras, Murcia, 1975) aprendería de niña costura y sastrería a partir de la relación con las mujeres de su familia: madre, tías y sus dos abuelas, lo cierto es que estoy seguro...
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