El Giro de Juan Ayuso acaba como aquellas Vueltas a España de Alex Zulle enredadas en la fatalidad de las caídas, la lluvia que empañaba sus gafas y la falta de visión del genial miope suizo de la ONCE. Ayuso es todo lo contrario de aquel ciclista artesanal, un moderno profesional enganchado a los datos, la ciencia, el cálculo... Hijo de su tiempo, de la medición de cada pedalada, cada caloría que ingiere, Ayuso ha terminado el Giro con la inercia que persigue a los malos espíritus en el ciclismo: la cara hinchada, un ojo ciego y la molestia natural provocada por la picadura de una avispa. Sucedió en la etapa 18, tregua entre la semana montañosa que decide el...
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