La brillantez: abrir el balcón a la mañana, al riesgo del día. Espejo indócil devolviendo el viaje de la noche, encontrando las cáscaras blancas de lo que aún no está estrenado ni está despierto. La brillantez, el aire fresco, rosado, el aire queriendo ser animal que no sirve, valioso, y no se adapta. Después la luz trayendo a los pájaros el don del vuelo. Volar , volar, tomar la destreza de lo inútil, desarrollar el músculo frívolo del vuelo sin destino o motivo. Incorporarse al placer loco de los vencejos tocando grises tejados, cabezas grises: llevan sus secretos con heridas hondas. Volar a nada, a ningún lado… ¿Qué mejor pérdida de la edad, de la médula dulce ahí, en los huesos?