Son las diez y media de la mañana. Aparece cabizbajo en la sala de conferencias de prensa. Podrá ver sin prisas, por televisión, la final de la Champions League entre el PSG, al que apoyará desde la distancia, y el Inter de Milán. Había solicitado no jugar contra el ruso
Andrey Rublev en la sesión nocturna. Cuando lo hizo aún no sabía que horas después sería baja por lesión en Roland Garros.
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