El valle se despliega exuberante a la vista, y estarían perdonados los ojos distraídos que no repararan en la cerca que serpentea entre árboles y arrozales, en las banderas enfrentadas en la distancia. La naturaleza, ininterrumpida, parece objetar, pero esos muros camuflados por el follaje y un velo de polución forman parte de la frontera más militarizada del mundo: a este lado Corea del Sur , al otro Corea del Norte . Esta quiebra de una nación en dos países ensalza a la vez sus diferencias y su unidad, incuestionables ambas, y estas una enemistad visceral como solo brota entre hermanos. Las Coreas se odian porque son distintas y porque son lo mismo. El contraste resulta más marcado aún ahora...
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