Este es el ‘dragón bebé’: el ave que no anida en árboles, pone un solo huevo en el suelo y es experta en camuflaje
Apodada como el ‘dragón bebé’ por su apariencia singular, el chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis) es una ave nocturna experta en camuflaje que sorprende por su estrategia reproductiva: no anida en árboles ni construye nidos, sino que pone un solo huevo directamente sobre el suelo. Esta especie, que habita en zonas cálidas del sur de Europa y el norte de África, utiliza su plumaje críptico para pasar desapercibida entre hojas, piedras y tierra, protegiéndose de posibles depredadores.
El chotacabras destaca entre las aves que usan camuflaje como defensa natural, convirtiéndose en un caso fascinante de adaptación evolutiva. Tanto el ave como su cría pueden permanecer casi invisibles en su entorno, lo despertó el interés de expertos en aves y vida silvestre. Su comportamiento discreto y su aspecto inusual llevaron a muchos a compararlo con una criatura mítica.
El 'dragón bebé' que se camufla dentro de los bosques
Con un aspecto que recuerda más a una criatura mitológica que a un ave común, el chotacabras orejudo fue apodado popularmente como el 'dragón bebé'. Sus grandes ojos frontales, junto a unos característicos mechones que asemejan orejas, le dan una apariencia única. Pero no solo destaca por su imagen: su canto nocturno, profundo y envolvente, refuerza la atmósfera enigmática que lo rodea.
Esta ave nocturna, que mide entre 30 y 40 centímetros, perfeccionó el arte del camuflaje. En lugar de anidar en ramas o construir estructuras visibles, el chotacabras orejudo deposita un solo huevo directamente sobre el suelo o entre hojas secas. Su plumaje moteado de tonos marrones, grises y negros le permite confundirse perfectamente con el entorno del bosque, evitando así a los depredadores.
¿Cuál es el hábitat del 'dragón bebé' y de qué se alimenta?
Oculto entre la vegetación densa de los bosques asiáticos, el chotacabras orejudo desarrolló una forma de vida casi imperceptible. Ambos padres comparten la tarea de incubar el único huevo, mientras que el polluelo, una vez nacido, permanece mimetizado entre hojas y raíces.
Su apariencia singular contrasta con su dieta sencilla: se alimenta principalmente de polillas e insectos voladores, que captura al anochecer gracias a su vuelo sigiloso y a su enorme boca adaptada para cazar en pleno aire. Más allá de su camuflaje y su aspecto enigmático, esta ave destaca por su canto profundo y característico, que suele oírse durante el amanecer y el crepúsculo.
Un agudo “tsiik” seguido de un silbido largo forma parte de su repertorio vocal, clave para atraer pareja, marcar territorio o alertar de peligros. Estas vocalizaciones no solo contribuyen a su reproducción, sino que también refuerzan el misterio que rodea a esta especie nocturna, difícil de ver pero fácil de escuchar en lo profundo del bosque.
