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Июнь
2025

Dictadura y desobediencia civil

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El 92,4% del pueblo venezolano está convencido de que padecemos una dictadura. 94,7% percibe que el régimen actúa con violencia contra la población. 65,8% manifiesta peligro de asistir a una protesta pública. 58,9 % siente temor cuando ve uniformados (militares o policiales). Este pánico ha sido creado deliberadamente por el régimen. No hay duda alguna que se ha implementado terrorismo de Estado. Por supuesto, esto se basa en hechos concretos: torturas, trato cruel, asesinatos a prisioneros, violencia criminal contra las protestas, ejecuciones en las redadas, encarcelaciones con expedientes falsos, persecución y cárcel a periodistas para que no develen esa realidad, encierro a los defensores de derechos humanos, persecución y cárcel para políticos opositores, purgas permanentes en el componente militar contra los que no manifiestan sumisión, obviamente, celda para unos cuantos de ellos. El miedo o amenaza que sentimos los venezolanos no es antojadizo, emana de la realidad vivida.

¿Cómo luchar contra un régimen dictatorial sin escrúpulos? Este ha sido el debate en los últimos 20 años. La sociedad venezolana acostumbrada a la democracia, a la lucha política abierta, a la alternabilidad democrática, confió que esos mecanismos democráticos eran suficientes para provocar el cambio. Había convencimiento que el camino era la lucha política democrática mediante: diálogo, el debate y la vía electoral. No se analizó el significado de la concentración de poder y se creyó en la solidez institucional. No se entendió que el proyecto que se desarrollaba era un quiebre de las instituciones y concentrar el poder en una simbiosis cívico-militar. Esto conducía a que el poder central se manejaría bajo la lógica militar dicotómica: amigo/enemigo, aliado/rival, no se plantea el reconocimiento del otro, por ello el abstracto enemigo externo, erigiéndose el poder central en su contrario, esto es, quien combate enemigo externo.

Tarde se ha caído en cuenta que la dictadura es una camarilla cívico-militar que actúa conforme a la lógica militar de defensa y de guerra. Chávez, como militar, sabía que si quería permanecer en el poder debía atraerse una camarilla militar que obtuviese su botín por su participación en la toma del poder, pero, también conocía de la ambición de poder y riqueza del militar, por lo que se planteó desarticular la verticalidad creando los REDI, todos con igual poder y sin depender de un mando vertical, todos ellos conformarían la cúpula junto con un grupo de civiles el poder central. Evidentemente, cada jefe de REDI conformaría su entorno de confianza con suficiente poder en su espacio. Esa es la realidad. La dictadura venezolana es una dictadura cívico-militar que constituye una simbiosis entre populismo y militarismo.

Los venezolanos estamos en búsqueda de una forma de derrumbar a la dictadura. Se han implementado diálogos, mesas de encuentro, vía electoral, a todas ellas, la pandilla las ha empleado para manipular y burlarse del pueblo, generar desconfianza y descalificar a la oposición, incluido la táctica de corromper a opositores débiles y ambiciosos, surgiendo los alacranes y colaboracionistas.  Eso ha generado una enorme desconfianza y descrédito de los políticos. En los actuales momentos se ha empezado a llamar a la desobediencia. En la actualidad, el concepto de desobediencia civil se ha constituido en uno de los más utilizados. Se pretende justificar una amplia gama de acciones argumentando que pueden interpretarse como actos de desobediencia civil. Esta situación muestra la enorme ambigüedad y polisemia que rodea dicho concepto. En nuestro medio se puede apreciar con claridad la existencia de un profundo desconocimiento de la desobediencia civil y cuáles son los tipos de acciones que se puedan implementar contra la camarilla cívico-militar venezolana.

Pensamos que la desobediencia civil tiene la estructura de una interacción con otros ciudadanos. Debe existir un complejo relacional de apoyo mutuo y solidaridad. La desobediencia civil debe ser una militancia activa en la construcción de una demanda ciudadana de libertad. La desobediencia civil es así un dispositivo simbólico que produce dos efectos fundamentales. De un lado, plantea demandas democráticas a los personajes públicos de la camarilla y al público, en general, De otro, crea un espacio público para la formación de opinión y voluntad ciudadanas de cara a un proceso de transición, Por otra parte, esta desobediencia debe buscar en el interior de la fuerza gobernante: el aliado y el amigo. En la medida que haya empoderamiento de la población, de seguro, los menos comprometidos en crímenes internacionales aceptaran quebrar la unidad interna de la camarilla. En estos momentos la dictadura cívico-militar está a punto de colapso, muchos miden sus posibilidades futuras traicionando a la cúpula. Es momento de actuar fríamente. Se acerca el final. Toca a los líderes actuar sabiamente. ¡Hasta el final!

La entrada Dictadura y desobediencia civil se publicó primero en EL NACIONAL.




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