Va camino de cumplirse el lustro del estreno providencialista del «Gobierno del cambio», que regaló miles de euros del contribuyente a unos cuantos centenares de desocupados a quienes encomendó la tarea de pulsar un contador por cada bañista que pisaba una playa andaluza. El covid-19 excitó el instinto caudillista de los presidentes autonómicos, pues es sabido que todo político guarda un padrecito (o tiranuelo) en el fondo de su alma y, con contadas excepciones, confunden a sus administrados con criaturas incapaces de valerse por sí mismas. ¡Cuántas vidas salvaron aquellas bondadosas restricciones al albur de los estados (anticonstitucionales) de alarma! Superado aquel trance pandémico, el clima-climático sustituyó al virus en el imaginario catastrófico de nuestros gobernantes, especialmente un Moreno-Morenilla que...
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