Uno de los motivos, y quizá el más tonto, por los que te gusta una película es porque te enamoras de los personajes, de los positivos y de los negativos, y eso solo ocurre cuando el director les permite explicarse y transmitir sus bondades o sus maldades con gracia, atractivo, mordacidad, retorcida villanía, compasión… En fin, algo que los sitúe junto a ti. Como es lógico, a los ‘buenos’ les cuesta menos trabajo llegar al corazón del espectador que a los ‘malos’, pero cuando ambos llegan con todo y a fondo, surgen dudas sobre cuál de ellos es mejor, si no como persona, sí al menos como personaje. ¿Con cuál me quedo, con Harry Lime ( Orson Welles) o con...
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