Michael Oliver pita el “the end” del fantástico partido entre
España y
Francia (5-4), los de
Luis de la Fuente se clasifican para la final de otro campeonato y, de pronto, la realización televisiva nos muestra dos planos antagónicos. Por una parte, un niño alemán, que había ejercido de recogepelotas durante el encuentro, se planta como un loco ante
Lamine Yamal y le pide hacerse una foto “selfie”. El crack del
Barça, elegido mejor jugador del partido, accede con todo el carisma que lleva encima. Justo en el mismo momento, la televisión nos muestra la antítesis…
Kylian Mbappé protestando al árbitro por qué solo alargó el partido seis minutos, uno más de lo pactado inicialmente, y a Francia le faltó tiempo para completar la remontada. Un partido más, y van cinco esta temporada,
Lamine Yamal le pasó la mano por la cara a
Mbappé. Ayer, disfrazados con las zamarras de las selecciones. Pero la vida sigue igual.
Lamine Yamal se inventó la jugada del primer gol (
Oyarzabal y
Nico completaron la obra maestra), se ganó la amarilla por una brava acción defensiva, provocó el penalti, lo ejecutó él mismo con una asunción de responsabilidades propias de un crack y, para completar otro partido para enmarcar, marcó su particular doblete con la puntera, en una acción de pillo del área. ¿Y
Mbappé? Parecía estar ya de vacaciones. En una primera parte sin apenas tocar el balón y una segunda haciendo un piscinazo impropio de un delantero de su calidad. Y poco más del Bota de Oro. Lo que decían que ayer estaba en juego era el Balón de Oro, -yo no me lo creo- entre
Lamine Yamal y
Dembélé. Pues otro paso más para el genio de Rocafonda. Si el próximo domingo, en Múnich, España le gana la final de la
Nations a Portugal, sí que el deseado paso puede ser definitivo. Vapuleado
Mbappé, le falta medirse a
CR7.
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