El mundo de la hostelería no es nada fácil. Quienes trabajan en bares y restaurantes lo saben bien:
jornadas interminables, márgenes de beneficio ajustados y una dependencia constante de factores imprevisibles, como el clima o el número de clientes que acuden ese día. A esto se suma la gestión de las reservas, que si bien ayudan a organizar el servicio, también pueden convertirse en un quebradero de cabeza cuando no se cumplen.
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