Siempre ha entregado esfuerzo y originalidad a las cosas de la vida. Nunca se rendirá. Esta mujer transformó una lencería y mercería en una cafetería. Algunas piruetas y sueños más tarde, inauguró un restaurante en la plaza de Alicante con más luces que sombras pese a los gigantescos árboles que la custodian, junto al viejo edificio de Correos, en la glorieta que recuerda al escritor Gabriel Miró. Lleva desde hace dos décadas o algo más en el vertiginoso sector de la hostelería. Sin pausa en la gestión. Y parece feliz a las puertas del comedor y del acceso los fogones. Es una restauradora singular, original: una emprendedora que también preside el colectivo de restauradores de la provincia de Alicante.